El cristianismo no es una opción más. Mira porqué en este artículo. Hace poco publiqué un texto sobre que, al matizar aspectos del evangelio, es sencillo hacer que la fe en Cristo parezca una religión, disciplina o filosofía más. En este artículo pretendo describir cómo es que cualquier cosa que no es la fe en Cristo es humanismo.

¿Qué es humanismo?

Cualquier ciencia, disciplina, filosofía, religión y sistema de pensamiento que analice, estudie y plantee soluciones para la vida, el comportamiento humano, su bienestar, progreso y sus expresiones artísticas se fundamenta en este paradigma: el humanismo.

Consiste en ubicar a la persona como propósito, receptor y fin de todo beneficio de la actividad humana. En ese sentido es algo positivo, pues está detrás de políticas públicas, estrategias y programas dedicados al bien del ser humano.

Como filosofía nació en oposición a la religión ––y del mismo Dios––, la cual usaron diversos gobernantes para oprimir a las naciones durante siglos. La religión en sí misma no era el problema, sino su perversión. Lo mismo ocurrió con la vocación del gobierno, cuya autoridad fue utilizada para servir a los poderosos. En ambos casos el poder fue el corruptor.

Diferencia entre el humanismo y el evangelio

El evangelio de Jesucristo es el único paradigma no humanista existente. Todos los demás sistemas de creencias y valores están diseñados para exaltar al individuo que, según el humanismo, es bueno por naturaleza. Por eso coloca a la persona como su propio parámetro sobre el bien y el mal, así como el arquitecto de su presente y futuro.

Al comparar a las religiones, disciplinas y filosofías podemos verificar que el evangelio es algo que no se le pudo haber ocurrido nunca a una persona pues el ser humano no es el centro, origen, razón, propósito, finalidad o contenido, sino Dios.

En la posmodernidad, el humanismo procura el beneficio del ser humano sin un marco universal, pues de país en país las leyes y los derechos cambian debido al relativismo resultante del propio humanismo. Hoy la ley protege ciertos derechos y castiga la violación de ellos, pero mañana habrá otra ley que garantice otros derechos y castigue la violación de esos nuevos derechos con el riesgo de poner en conflicto los derechos de unos y otros.

El evangelio de Cristo, en cambio, provee el marco común para que la vida y la dignidad de todas las personas sea valorada y respetada. Ese marco es el propio Jesucristo. Dios dio un significado y valor al ser humano al crearlo a su imagen y semejanza, pero como el pecado pervirtió lo humano, Jesucristo reintrodujo a través de su propia humanidad el verdadero ser humano: uno unido a Dios en Jesús. Lo humano está reconciliado con su Creador cuando lo humano es hecho a la imagen de Jesús, por lo que no se puede entender desde lo corrompido.

El ‘cristianismo humanista’

No existe tal cosa, es una forma de referirme al peligro que enfrentan muchos cristianos de creer un evangelio falso que es humanista al pretender que el ser humano esté el centro del mensaje y poner a Dios al servicio de sus criaturas. En cada historia de la Biblia exaltan el papel de las personas.

Piensan y enseñan que el propósito de Dios es darnos bendición, provisión, prosperidad, ayuda, perdón, redención, amor, paz, una mejor vida, etcétera. Por el contrario, el protagonista es Dios en cada situación narrada en la Biblia, la historia de su iniciativa para reconciliarse con nosotros porque él es bueno y su misericordia es inagotable.

El cristianismo humanista usa la Biblia y las promesas de Dios para ofrecerlas a todos los que supersticiosamente creen para obtener algo a cambio. ¿Supersticiosamente? Sí, porque según el evangelio, las promesas son únicamente para quienes viven en unión con Dios, aquellos que no viven según sus propios deseos sino conforme a los mandamientos de él.

Es Dios quien ha buscado reconciliarse con el ser humano a pesar de pretender ser nuestros propios dioses. Jesucristo vino a dar libertad a los que estábamos esclavizados al pecado, ¡nos ama! De hecho, los mandamientos de Dios nos hacen más humanos. La paradoja es que glorificando a Dios como Dios es como llegamos a ser verdaderamente humanos, mientras que el humanismo nos exalta y perdemos propósito al luchar cada uno por su causa.

El evangelio nos ubica

El evangelio pone en el centro al único Dios verdadero. Él creó todo, no nosotros. Él quiso crearnos para adorarle, no para hacer perseguir nuestros deseos, instintos y necesidades egoístas. Al conocer a Dios en Jesucristo volvemos a nuestra humanidad para que, al volver a él, vivamos para ser lo que originalmente creó, como lo planeó desde el principio, libres del pecado, del dolor y la muerte al estar unidos al Padre en el Hijo.

Por ser sus criaturas tenemos dignidad y valor; al volver a Él tenemos significado y vida. Él sabe lo que es mejor para nosotros. El evangelio no nos pone por encima de Dios para darle órdenes, más bien nos ubica. Él es el Señor y nosotros sus esclavos; él es el Creador y nosotros sus criaturas; él es el Padre y nosotros sus hijos; él envío a Jesús porque nos ama.

Algunos pregonan que el Señor está dispuesto a aceptar la falsa adoración que están dispuestos a dar quienes no se someten a su señorío. Básicamente, estamos bien como somos, así nos ama Dios, dicen, y así está dispuesto a salvarnos, sin arrepentimiento de pecados, sin rendición, sin obediencia. El “cristianismo humanista” dice que Jesús lo hizo todo en la cruz y que hacer las obras de Dios es nuestro intento para salvarnos a nosotros mismos. Sí, el evangelio de Jesús dice que él es suficiente y que nuestras buenas obras nunca cambiarán nuestra posición frente a Dios, y también nos insta a morir a nuestra carne usando la libertad que Cristo nos ha dado para resucitar con él a una nueva vida centrada en Él, ya no en nosotros mismos, para que hagamos las obras que Dios preparó que hiciésemos (Efesios 2:8-10).

Una lectura no humanista de la Biblia

La Biblia es un libro acerca del Padre y de Jesucristo, no sobre el ser humano. Por obvias razones, aparecen a lo largo de sus páginas diversas personas; sin embargo, ellos no son los protagonistas de las historias relatadas.

Claro, a los pequeños se les enseña en el templo sobre el rey David, Moisés, Sansón, Daniel, Nehemías, Pedro, Abraham, Josué, Jonás, Rut, María y una larga lista de hombres y mujeres ejemplares por su obediencia o desobediencia a Dios. El objetivo es aprender de ellos, pero al centro de toda historia está Dios.

La manera correcta de leer la Biblia es usar esos relatos para conocer al Señor. El Espíritu Santo nos guiará a la verdad para entenderla y vivir por ella, no en nuestros términos.

Para terminar, te dejo un extraordinario resumen del evangelio de Jesús desde al Antiguo Pacto hasta el Nuevo, para que siempre que busques la verdad en la Biblia sepas cuál es el mensaje detrás de toda historia:

10 Los profetas que hablaron de la gracia destinada a ustedes, estudiaron e investigaron con detalle todo acerca de esta salvación. 11 Ellos querían determinar a quién y a qué momento se refería el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, cuando anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que les seguirían. 12 Dios les hizo saber que su tarea no era para ellos mismos, sino para nosotros, y que sólo administraban lo que a ustedes ahora les anuncian aquellos que les han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo. Éstas son cosas que aun los ángeles quisieran contemplar. 13 Por lo tanto, preparen su mente para la acción, estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado.14 Pórtense como hijos obedientes, y no sigan los dictados de sus anteriores malos deseos, de cuando vivían en la ignorancia. 15 Al contrario, vivan una vida completamente santa, porque santo es aquel que los ha llamado. 16 Escrito está: «Sean santos, porque yo soy santo.» 17 Si ustedes llaman «Padre» a aquel que al juzgar se fija en lo que se ha hecho, y no en quién lo hizo, vivan el resto de sus vidas en el temor de Dios. 18 Ustedes saben que fueron rescatados de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus padres; y que ese rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y la plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin contaminación, como la de un cordero, 20 que ya había sido destinado desde antes de que Dios creara el mundo, pero que se manifestó en estos últimos tiempos por amor a ustedes. 21 Por él ustedes creen en Dios, que fue quien lo resucitó de los muertos y lo ha glorificado, para que ustedes tengan puesta su fe y su esperanza en Dios. 22 Y ahora, ya que se han purificado mediante su obediencia a la verdad, para amar sinceramente a sus hermanos, ámense los unos a los otros de todo corazón,23 pues ustedes han nacido de nuevo, y no de una simiente perecedera, sino de una simiente imperecedera, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque:

«Todo hombre es como la hierba,
Y toda su gloria es como una flor.
La hierba se seca, y la flor se marchita,
25 pero la palabra del Señor permanece para siempre.»

Y éstas son las buenas noticias que se les han anunciado. 1 Pedro 1 (RVC)

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Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. Escribió el éxito de librería “La Iglesia Útil”.
Encuentra más sobre estos temas en sus libros sobre Restauración: 40 días en el desierto, Amar como a mí mismo y La Iglesia Útil.

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