Ser feliz y cómo ser feliz, esa es la cuestión. 

La mentira que analizo en esta publicación es: Dios hará todo para que seas feliz.

La mente de los cristianos es el centro de batalla. Las religiones, las filosofías y las disciplinas de moda parecen ser buenas incluso para el discípulo de Jesucristo porque proponen cuidar el cuerpo, ejercitar la mente y la voluntad, así como ver la vida de una manera positiva. Sin embargo, el peligro está en el propósito de todas esas cosas. Como dijera Pablo, hay que escudriñarlo todo y retener lo bueno.

¿Dios quiere que sea feliz? Sí y no. Algunos creen que parte del “trabajo” de Dios es procurar nuestra plenitud. La Biblia enseña que como consecuencia de hacer la voluntad de Dios seremos plenos, felices y dichosos. Pareciera lo mismo, pero el enfoque es totalmente contradictorio.

Felicidad es consecuencia, no propósito

Las religiones, filosofías y disciplinas actuales enseñan que la felicidad es un propósito. Según esta idea nacimos para ser felices, todas nuestras decisiones deben procurar nuestra felicidad y debemos alejarnos de las cosas y las personas que la obstaculicen. Pretende ser algo constructivo, pero detrás de ello hay un desproporcionado amor propio que siempre será destructivo para ti y terminará alejándote de quienes amas.

¿Quién decide qué es la felicidad? Cada uno, según esa forma de pensamiento. ¿Qué nos espera si cada individuo buscara su felicidad mientras ignoramos la de otros? Provocaremos la infelicidad de muchos otros más.

Si mi felicidad fuera ser millonario veré como obstáculos la honradez o decir la verdad. Por lo tanto, defraudaré a todos los que pueda y para ello debo hacer de la mentira mi principal herramienta. No exagero. Habrá quien diga que podría lograrlo sin necesidad de hacer lo malo, pero cuando esta clase de felicidad es el propósito de la vida lo demás pasa a otro término, la integridad deja de ser importante y mucho menos el bien de los otros.

Pretender que podemos usar a Dios para esa misma meta muestra una profunda ignorancia sobre el carácter y la voluntad de Dios. Ni nosotros mismos quisiéramos tener como propósito de nuestra existencia satisfacer todos los deseos y necesidades de otros, ¿por qué creemos que es el de Dios?

Cuando leemos en la Biblia descubrimos que la felicidad es la consecuencia de tener comunión con Dios y por eso no nos vemos en la tentación de ponerlo a nuestro servicio, sino por el contrario, como criaturas suyas volvemos a nuestro propósito, que es adorarle, y como consecuencia hayamos nuestra dicha.

La felicidad viene con un cambio de mente

La felicidad como propósito me llevará a pasar por encima de quien se interponga en mi camino, incluso Dios (aunque no es posible, al ignorarlo pensamos lograrlo). Esa felicidad está fundamentada en lo pasajero, se terminará pronto y no podré retener nada cuando muera. Pero mi felicidad verdadera y duradera es consecuencia de haber vuelto a Dios, mi Creador, Señor y Padre, el único que no cambia y permanece para siempre.

Nos amamos demasiado. ¿La prueba? Ponemos siempre nuestro bienestar por encima del de los demás. Es nuestra naturaleza. Cualquier crimen tiene su origen ahí. Por esa razón necesitamos un cambio de mente, porque nuestro pensamiento nos pone a nosotros mismos en el centro del universo. Cuando el centro es Dios, los deseos, las motivaciones y los propósitos cambian.

Déjame poner este ejemplo. No es lo mismo cuidar tu cuerpo porque es el templo de Dios a que lo cuides simplemente para lucir la ropa que te gusta, sentirte mejor contigo mismo y evitar enfermedades. Por supuesto que la consecuencia de tratar nuestro cuerpo como templo de Dios implica obtener salud y muchos beneficios más.

Cambiar la motivación y la intención del corazón significa todo y, si esto no ocurre, no podremos reconciliarnos con Dios. No puede haber dos mentes en la persona, ni es posible actuar según dos voluntades. Si tenemos la mente de Cristo haremos la voluntad del Padre y seguramente seremos dichosos.

10 Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Juan 15

¿Qué da felicidad al creyente?

Para responder a esa trascendente pregunta te recomendamos leer el artículo Pequeño manual para ser feliz, en el que te mostramos qué dice la Biblia sobre cómo ser feliz.

Conclusión

Cuando se habla de felicidad, dicha y plenitud debemos ser cuidadosos, pues las religiones, filosofías y disciplinas no hablan del mismo concepto del que habla la Biblia, así que no te creas cualquier cosa ni creas que las filosofías, religiones y disciplinas de moda se refieren a la misma cosa que la Biblia.

Para el discípulo de Jesucristo la felicidad es la consecuencia de tener comunión con Dios, gracias a que su palabra ha cambiado nuestra mente con su voluntad, que es agradable y perfecta. Es la única manera de ser real y eternamente dichosos.

Próximas mentiras:

Evita la culpa porque te impide disfrutar de la vida

Haz todo para alcanzar tus sueños

Lo mejor está por venir

Tú eres lo más importante, desecha lo que impide tu felicidad

Todo mejora cuando vemos la vida de forma positiva

Yo merezco abundancia y la voy a atraer

No puedo amar a otros porque tengo baja autoestima

La mejor decisión es la que te produce paz

También podría interesarte:

Encuentra más sobre estos temas en nuestros libros sobre Restauración: 40 días en el desierto, Amar como a mí mismo y La Iglesia Útil.

Efraín Ocampo es consejero bíblico, escritor, ex periodista y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.

Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.