¿Mejor cuerpo, mejor trabajo, mejor pareja…? Mira el secreto de la felicidad.

Comienza un año y por lo común ¿en qué consisten los propósitos? En buscar felicidad en un empleo, en un sueldo, en un proyecto, en tener ciertas medidas, en tener a tu lado una persona ––o quizá en quitarla de ahí––, en obtener cosas…

Todo eso podría sonar bien, la pregunta es: ¿cuáles son tus motivaciones? Ser aceptado o admirado, mejorar la percepción que tienen de ti, vivir mejor o sentirte mejor contigo mismo.

El error es pensar que lo externo a ti te define. Déjame decirte algo: lo enlistado en el primer párrafo no está relacionado con tu interior. Así que llevar a cabo esos logros te hará sentir mejor por un tiempo, pero seguirás siendo la misma persona.

La búsqueda de felicidad está relacionada fuertemente con la búsqueda de seguridad, aquello que nos da poder, alegría, esa sensación de plenitud que te da la certeza de que no necesitas nada más.

Irónicamente, las cosas que hacemos para lograr este objetivo normalmente nos dejan una sensación de vacío o de necesitar algo más. Incluso podríamos pensar que casarnos con la persona que amamos o tener hijos debería hacernos felices, es decir, de una manera total.

Lo cierto es que todos los ejemplos que he puesto son cosas buenas y deseables, pero también es cierto que nada en este mundo puede darnos esa plenitud. Esto me hace recordar a Jesús diciendo a la mujer samaritana que, quien bebiera del agua que él tiene no tendrá sed jamás (Juan 4). A eso me refiero.

Me refiero a un Job que perdió a su familia, su hogar, su sustento, su salud, su dignidad… lo único con lo que se quedó es la vida ––y ni siquiera era suya––. En medio de esa tragedia, aun cuando estaba totalmente desposeído, encontró todo en Dios.

Jesucristo es el único que ha dicho de sí mismo que es el camino, la verdad y la vida (Juan 16:4), que él tiene poder sobre la muerte (Juan 11:25-26), él tiene autoridad sobre la enfermedad, los espíritus y los elementos (cualquier tipo de materia). Él estaba con Dios y él es Dios.

Conclusión

Este año puedes concentrarte en mejorar tu vida a través de factores externos a ti (mejor trabajo, mejor salario, mejores viajes, un programa de ejercicios…) pero que, aunque los consigas, seguirás siendo el mismo; o puedes cultivar lo que transforma tu interior con efectos eternos: tu comunión con Dios

Ante cualquier excelente propósito, haz el propósito de hacer de este Jesús, el Cristo, tu Señor en todas las áreas de tu vida. De cualquier manera ya sirves a algo o a alguien, ¡qué mejor que servir a quien es el camino, la verdad y la vida, aquél que cuidará de tu vida aún cuando no has hecho nada para merecerlo!

Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.
Encuentra más sobre este tema en su libro de Restauración Personal “40 días en el desierto“. También lee el libro de Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo” y de Restauración de Iglesias “La Iglesia Útil“.

 

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