Nos dicen que la hombría es mala, pero masculinidad es otra cosa.

Esta es la transcripción del Episodio 3 del podcast Consejos Divinos. Si no quieres leer, puedes escuchar el podcast dando clic aquí o en YouTube aquí.

Hoy quiero conectar contigo con estas preguntas: ¿qué es la masculinidad? ¿Qué me hace hombre? ¿Qué implicaciones tiene esto en mí y en quienes me rodean? Y me quedo con estas preguntas que dan para mucho. ¿Por qué hablar de este tema? Bueno, primeramente porque soy hombre, pero también porque sé que la masculinidad está en crisis.

¿Cómo puedo saberlo? Las estadísticas no mienten. En casi 1 de 4 hogares los hijos crecen sin su padre. Una gran cantidad de estudios sicológicos y sociológicos han concluido que esos menores tienen mayores probabilidades de tener depresión, de tener conductas criminales y terminar en la cárcel, de cometer suicidio, de tener embarazos no deseados, de abandonar la escuela o tener un mal desempeño académico, e incluso de tener problemas de identidad sexual. ¿Por qué un hombre puede abandonar a su familia con mayor facilidad?

No solo eso. De acuerdo con datos de la ONU, los hombres son los que cometen más homicidios con alrededor de 90% del total. Los hombres cometemos crímenes violentos contra otros hombres como homicidio, robo en todas sus modalidades y el secuestro, pero también fraude, extorsión y el abuso de confianza; y en su mayoría las mujeres también son víctimas, pero en este caso de acoso y abuso sexual, delitos contra la familia, violencia familiar, violación, de violación de la hija por el padre o por un familiar varón consanguíneo como un hermano o un tío, la explotación sexual y delitos sexuales en general, el tráfico y la corrupción de menores, además de otros como el incumplimiento de obligaciones para con su familia. Todos los crímenes son cometidos en su gran mayoría por hombres, excepto por uno, que es el aborto. Otro dato aterrador: muchos hombres son asesinados por un desconocido, pero las mujeres son privadas de la vida por personas cercanas a ellas, en su mayoría por hombres. Consulta aquí los datos del Inegi.

En México y en los países de la ONU la población está distribuida casi por la mitad entre hombres y mujeres. Los criminólogos, sicólogos y otros especialistas no coinciden en los porqué. Nadie ha explicado contundentemente la razón de esto.

A ello se suma la presión cultural actual. La ideología de género afirma que aunque biológicamente hay sexo masculino y femenino esas características no los hace hombres o mujeres, y que cada persona se comporta según su propia autopercepción. Y hay muchos hombres confundidos por la difusión de esta ideología. Y es curioso que la ideología de género diga que tu sexualidad no es determinante para tu vida pero las decenas de expresiones de género están totalmente relacionadas con la sexualidad y esas supuestamente sí determinan el comportamiento. En fin una total contradicción.

¿Qué pasa con los hombres, especialmente? Quiero hablarle a los hombres y retarlos a hacer las cosas de manera diferente, a pensar diferente desde una perspectiva espiritual. Porque la solución de la sociedad secular es que dejemos de ser masculinos. ¿Por qué? Por su concepto errado, distorsionado de la masculinidad. Pero esa perversión no es lo que significa ser hombre. Dios no nos hizo así.

En la tradición judeocristiana fue dada la autoridad al hombre de servir, de proveer para las necesidades afectivas, las espirituales, instruccionales, emocionales, materiales, lúdicas, sociales. Esto es dar amor, seguridad, dirección, ejemplo, educación, humor. Es una vida autosacrificada para servir, y en cambio, por el pecado propio de la naturaleza humana el resultado ha sido no ejercer la autoridad de la que te hablé que Dios nos dio, sino el poder sobre nuestras esposas, familias y otras personas. ¿Cómo hemos ejercido ese poder? Cuando usamos a las personas para satisfacer nuestros intereses: nos interesamos única y casi exclusivamente en nosotros mismos, en nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestros instintos, nuestras expectativas, nuestro orgullo, nuestra soberbia, nuestros planes, nuestro bienestar, nuestra ganancia, nuestro esfuerzo. Yo soy el importante, el que vale, el que cuenta. Después yo y al último yo. Ahora, hay hombres que viven de acuerdo con su propósito; sí. Las cifras hablan por sí mismas. Y le veo todo el sentido a que Dios nos haya dado la autoridad para hacer todo ese bien, porque la mejor manera de evitar hacer el mal que somos capaces de hacer es haciendo el bien. Y habiendo rechazado asumir la autoridad que se nos dio optamos por ejercer el poder, el cual lleva al abuso y al individualismo. La autoridad dada por Dios significa que el hombre debe replicar el carácter de Dios en su carácter, en sus relaciones, en sus prioridades, en su propósito de existir. ¿Y cuál es el carácter de Dios? Por medio de la observación de la naturaleza entendemos que Dios es creativo, ordenado, tiene conocimiento, es sabio, que concede a cada cosa su tiempo y lugar, que usa su autoridad para amar a sus criaturas y su potencia para darse a conocer a ellas pero también para actuar en favor de ellas. Otros atributos cognoscibles e imitables son que es amor, paciente, bueno, justo, misericordioso, íntegro (sin contradicciones), independiente, benigno o que busca el bien de otros, es veraz, es fiel, es santo o que no hace mal porque hace el bien, es bendito o que es pleno y es espíritu, lo que implica que el hombre debe vivir según la realidad espiritual y no únicamente por la material. ¿Ya te diste cuenta de algo? Esto es verdad porque ejercer el poder que lleva al abuso es natural y no requiere de esfuerzo, pero poner por obra la autoridad que Dios nos dio no es natural, según nuestra naturaleza pecaminosa, sino que requiere responsabilidad y ayuda de Dios.

La respuesta de la cultura actual es hacer al hombre menos masculino porque lo masculino es tóxico, pero esa es una expresión justamente de lo contrario. No debemos llamar masculinidad tóxica a lo que de hecho no es masculino. Es como llamar a un color “blanco ennegrecido”. No puede ser blanco y negro al mismo tiempo. Será otro color, pero no puede ser blanco. O será otro color, pero no puede ser negro. Igualmente con la masculinidad tóxica. Eso no es masculinidad, es otra cosa que es de hecho lo opuesto a la masculinidad. Este concepto no está aportando una solución al problema, está erosionando el concepto de masculinidad. Básicamente el hombre debe ser más femenino para no ser tóxico. ¿El color negro debe ser más blanco para ser un buen color negro? Porque bajo la lógica del marxismo cultural en el que hay un oprimido, la mujer, y un opresor, el hombre, el oprimido tiene una superioridad moral de la que carece totalmente el opresor. Lo que realmente beneficia a la sociedad son hombres buenos. El hombre bueno es justo con ellas en todas las áreas de la vida al tratarlas como su igual, su prójimo, buscando el bien para ellas tanto como busca el bien para sí mismo. Lo demás son remiendos, pero necesitamos usar el traje tal como fue hecho desde el principio. Esto es cosmovisión cristiana y su herencia a la cultura Occidental.

El hombre debe ser más masculino para dejar de ser lo que llaman “tóxico”, aunque yo no lo llamo así. Prefiero llamarlo por su nombre. Son hombres que se rehúsan a comportarse como uno. Un mal hombre necesita ser un hombre, no necesita ser menos masculino. El problema es ¿cómo saber qué es la masculinidad? ¿Quién dice qué es y qué no es? Cuando trabajamos en Restauraministerios.org con iglesias hacemos en ocasiones una dinámica que consiste en vendar los ojos a alguien que debe llegar del punto A al B. Desconoce el camino y los obstáculos que debe sortear. Las personas que lo rodean tienen la encomienda de gritar al mismo tiempo instrucciones diversas y contradictorias. Y en un mundo como el nuestro tenemos la certeza, qué irónico, la certeza de que todas las instrucciones son correctas y al mismo tiempo sabemos que no pueden estar en lo cierto todas. No podemos estar todos en lo correcto.

La sociedad actual no tiene los recursos para establecer qué es la masculinidad porque es secular y los recursos reales de la masculinidad están en Dios, en Cristo. Lo que hacen las ideologías actuales es caricaturizar la masculinidad y denunciar que está mal pero no aportan un modelo de masculinidad. Y no, no lo digo para quitar responsabilidad a los hombres que ejercen una distorsión de lo que deberían ser, al contrario, para salir de esa esclavitud y ser hombres deben tomar total responsabilidad de sus actos, de sus comportamientos y de su naturaleza para renunciar a ella y abandonarla confiando en que imitando el carácter de Dios él provee los recursos necesarios para lograrlo efectivamente. Entonces habrá un comportamiento congruente con lo que esos hombres dicen creer y lo que dicen ser. No, no hablo de utopías, sino de realidades.  

Charles Taylor, filósofo formado en Oxford que con casi 90 años a cuestas, es un estudioso de la historia del pensamiento y analiza los cambios de era, particularmente este último que ha tenido lugar en Occidente, y de cómo las religiones y la espiritualidad están cambiando en una era eminentemente secular. Él concluye en libros como “La era secular” o “Fuentes del yo: la construcción de la identidad moderna” que el mundo occidental contemporáneo tiene una ética contradictoria debido a sus altos estándares morales sin fundamento debido al vacío de un sistema moral común. Me explico: apelamos a valores morales absolutos que nos dan un sentido de la justicia, de la injusticia, de lo que está bien o de lo que está mal, de nuestra responsabilidad de cuidar a toda forma de vida, los recursos naturales y de condenar la violencia en todas sus formas, pero cuando aplicamos esos valores a nosotros mismos entonces son subjetivos, de preferencia personal. Y entonces para algunos están bien cosas como el aborto o como no aceptarte como eres deseando ser de otra preferencia o identidad sexual. Estas cosas son una contradicción en sí mismas. Por eso las ideologías progresistas de izquierda no tienen una masculinidad qué proponer. No existe. Pensadores independientes seculares no logran proponer nada en este tema o piensan que la masculinidad es un capital individual. El problema es que la falta de masculinidad no produce por sí sola masculinidad.

Termino con esto: Promover la masculinidad que aprendí de Dios, de Jesús, el Dios que se hizo hombre y que fue hombre en todos los sentidos, excepto en que no pecó. Esa es de la que hablo, la que procura que los hombres sean masculinos replicando el carácter de Dios con los beneficios que ello conlleva para él, su esposa, su familia, su comunidad, su sociedad, su mundo. Hablar solo de masculinidad tóxica solo nos deja con el problema de tener hombres malos que no saben ser hombres, y este tipo de hombres enseñan a otros que esa es la manera de ser hombres. Y sí, en las iglesias debemos tomar la responsabilidad que hemos abandonado. Nuestro enfoque no debe ser el de exigir derechos, sino el de asumir responsabilidades, comenzando por la de nuestros pecados y sus consecuencias, pasando por la responsabilidad de reconciliarnos con Dios y abandonar nuestras maldades haciendo el bien y lo que es justo, siendo responsables de nosotros mismos y de hacer algo de nuestras vidas que enriquezca a la sociedad y a las personas en lo particular, pero para ello cada hombre debe estar pleno y feliz, cosa que solo podrá ser en Cristo (escucha el Episodio 2 de mi podcast).

Debemos servir a otros hombres dirigiéndolos a Dios a través de la singular persona de Jesucristo, nuestro modelo. El modelo de ser humano y de ser hombre. Porque cuando somos hombres las esposas florecen y los hijos, hombres y mujeres. Cuando un hombre es masculino, la esposa no funge como su compañera, sino que es parte de sí mismo, en unidad con él. Ahí hemos fallado. Pero es tiempo de cambiar esto.

Mi masculinidad está en Dios. Dios es mi modelo.

Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.
Encuentra más sobre estos temas en sus libros sobre Restauración: 40 días en el desiertoAmar como a mí mismo y La Iglesia Útil.
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