Hay muchos simpatizantes en las iglesias porque se les predica y no se les discipula.  Las iglesias tienen demasiados simpatizantes y muy pocos discípulos de Jesús. Esa ha sido nuestra experiencia trabajando con congregaciones.

Al pasar de los años son prácticamente los mismos creyentes que trabajan en las áreas clave como ministros. Rara vez se ve que cedan su puesto a otros. El grueso de los asistentes al templo prefieren no comprometerse a servir en un cargo de responsabilidad, no crecen en el conocimiento de Dios ni de su fe, y por el contrario, acuden a actividades sociales y conferencias para saber cómo lidiar con cosas que desde hace mucho debieron superar y no pueden por seguir siendo niños espirituales.

¿Cuál es la razón? El evangelismo. Las estrategias están hechas para reclutar simpatizantes, no importa si hacen una oración para recibir a Cristo en sus corazones, cuando comienzan a asistir los domingos al templo carecen del acompañamiento personal, y a veces de la doctrina, para convertirse en discípulos. Estas son 10 maneras de conectar el discipulado con el evangelismo y cambiar la realidad descrita.

  1. Ocúpense del discipulado. Discipular es que los creyentes se acompañen en su vida de fe para ayudarse a perseverar animándose, enseñándose, consolándose, exhortándose, corrigiéndose, en fin, amándose. Este vínculo tiene como fundamento el amor, por ello están dispuestos a dedicar tiempo para cultivar su amistad. El creyente maduro se compromete a discipular al nuevo no como un profesor, sino como un igual que lo reta a imitar a Cristo siendo ejemplo con su propia vida.
  2. Complementen con cursos. El discipulado se institucionalizó y se convirtió en la escuela espiritual. Las escuelas bíblicas generalmente son llamadas discipulado porque formalmente se ha sustituido el compromiso y amor por los demás por cursos en donde las personas dejan de ser importantes y su espiritualidad se mide por sus conocimientos. Estos espacios son importantes para aprender doctrina, pero no deben sustituir al discipulado real.
  3. Lleven a cabo evangelismo orgánico. La forma más sana de crecer como iglesias es que sus miembros compartan su fe con sus familias, compañeros de trabajo, de escuela, con sus vecinos y amigos. De esta manera los creyentes se comprometen con sus oyentes, pues deben demostrar que el evangelio del que predican es una realidad en sus vidas.
  4. Olviden el evangelismo masivo. En las campañas normalmente los creyentes preparan estrategias para que la mayor cantidad de personas hagan una decisión por Cristo. Entre sus desventajas se encuentran que es ocasional, que los cristianos no necesitan vivir el evangelio para demostrar que es real y que una vez reclutados los prospectos ya no tienen un seguimiento la mayoría de las veces. El problema que muchas iglesias afrontan es que, si en un evento masivo muchos quisieran seguir a Jesús, por lo general no invierten tiempo y esfuerzo previamente para recibirlos y discipularlos. Por ejemplo, los creyentes tendrían que ponerse a cuentas con Dios, discipularse entre ellos, capacitarse para enseñar a los recién llegados, etcétera.
  5. Prioricen el crecimiento espiritual sobre el numérico. Las iglesias están obsesionadas con ser más y llevar a más personas a los templos, no necesariamente a Cristo. Hay muchas estrategias de crecimiento numérico, pero la única forma efectiva de crecimiento espiritual es el discipulado y es casi inexistente.
  6. Comiencen a juzgar. La falta de discipulado provoca que no nos examinemos como creyentes y no podemos ver la viga en nuestro ojo para poder ver bien. Es necesario comenzar a juzgar nuestra propia vida a la luz de la verdad de Dios para obedecer y, luego, ayudar a nuestro hermano a hacerlo, quitando la paja de su ojo, pero ya sin la viga en el nuestro.
  7. Restauren al que tropezó. Lo común es que cuando sale a la luz que alguien peca termine abandonando a la congregación. Sin embargo, muchos otros pecados permanecen en la oscuridad. Discipular permite que tanto discipulador como discipulado rindan cuentas y sea sencilla la restauración del que pecó evitando que su corazón se endurezca y abra la puerta a que haga cosas peores, y otros lo imiten. Lo más importante es que se impide que el pecado eche raíces en la iglesia.
  8. Fomenten el amor. El discipulado procura el amor en todos los sentidos. No practicarlo fomenta la indiferencia, la hipocresía, la tolerancia al pecado, las críticas, los chismes, las divisiones y que falsas doctrinas sean recibidas.
  9. Desechen el activismo. Estamos llenos de actividades espirituales que, en vez de ayudarnos a ser discípulos de Jesús, complican nuestras vidas al grado de descuidar nuestra comunión con Dios y con otros. Hay que hacer menos actividades y dedicar más tiempo a discipular.
  10. Vuelvan a discipular. Una vez que un grupo de creyentes maduros ha discipulado por un tiempo a otro de nuevos creyentes, es necesario evaluar su crecimiento espiritual (no nada más de conocimientos) para procurar que ahora ellos discipulen a otros.

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Efraín Ocampo es consejero bíblico, escritor, cantante, compositor, ex periodista y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.

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