Los cónyuges sufren en el matrimonio porque sacaron a Dios de él. 

A Dios no se le incluye en el matrimonio, ¡por él es un matrimonio!

La causa del sufrimiento de los cónyuges es excluir a Dios de su relación. Volvamos al principio de todo:

  1. Dios creó al hombre.
  2. Luego a la mujer.
  3. Los presentó y los tres hicieron el Pacto Matrimonial.

22 Y de la costilla que el SEÑOR Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. 23 Entonces dijo el hombre: “Ahora, esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada ‘mujer’, porque fue tomada del hombre”. 24 Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Génesis 2

¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio no es una “bonita historia de la Biblia”, es un Pacto entre el hombre, la mujer y el Señor. Dios creó al ser humano para él mismo. Además de las tareas que tenía asignadas, Adán tenía una comunión perfecta con Dios, pero aún así fue creada la mujer para compartir con el hombre una afinidad a todos los niveles que solo ella tendría con el hombre y el hombre con ella, además de que así podrían perpetuar la especie. Dios lo pensó así.

El tiempo que Dios pasó a solas con el hombre tuvo un propósito: el de que el hombre conociera a su Dios personalmente y el de enseñarle todas las cosas y cómo cuidar de ellas. Por eso, cuando Dios trajo a la mujer al hombre, su reacción fue una mezcla de alivio, porque reconocía que ella era como él (a diferencia de los animales), y como solo un esposo que ama a Dios respondería: “te voy a cuidar como me cuido a mí, te voy a sustentar como me sustento a mí, te voy a amar como me amo a mí”, esto es ser una sola carne. ¡Tremendo el privilegio dado al varón!

La unidad que Dios tenía con el hombre, podemos verla repetirse entre la mujer y el hombre. Esa unidad entre Dios, el hombre y la mujer es el matrimonio. El Señor nos enseña permanentemente sobre el amor, el perdón, la humildad, la paciencia, la bondad, hacer el bien, ser justos, misericordiosos, en fin, todo lo que él para que el hombre lo replique con su esposa y ambos con sus hijos. Un varón unido así a Dios está capacitado para vivir así en su matrimonio. Igualmente una mujer.

Las consecuencias del pecado en el matrimonio

Como puedes darte cuenta, el problema en tu matrimonio no es tu esposo o tu esposa, principalmente es tu pecado, pues te impide vivir de acuerdo con lo que Dios es, según lo que hace en sus hijos.

¿Practicas pecados como las inmoralidades sexuales (incluido el adulterio, claro), avaricia, mentira, palabras obscenas o tontas con las que se pretende ser gracioso ––truhanerías–– (Efesios 5:3-5), ira, pleitos, que se opone a todo y a todos, soberbia, orgullo, envidia, jactancia, desobediencia a los padres, deslealtad, crueldad, inmisericordia (Romanos 1:26-32)? Si la respuesta fue afirmativa, por lo menos en algún caso, entonces tú eres el principal enemigo de tu matrimonio: de ti mismo y de tu cónyuge.

Necesitas reconciliarte con Dios y unirte a él para que puedas reconciliarte con tu cónyuge y recuperar la unidad con Dios y entre ustedes.

Dios en tu matrimonio

Como el matrimonio es un Pacto entre tú y tu cónyuge y, al mismo tiempo, con Dios, si imitas a Dios en tu matrimonio estarás trayendo bendición a este, pero si solo te pones en primer lugar a ti y pecas obedeciendo solo a tus instintos, tus necesidades y deseos estarás trayendo sufrimiento a tu vida y matrimonio, sin mencionar la vida de otros, especialmente cuando hay hijos. Cuando alguno o los dos adulteran no es porque un día decidieron hacerlo, sino porque dejaron de cumplir el Pacto de incluir a Dios en su relación y de imitarlo. Entonces, la unidad entre los esposos se rompe porque de tiempo atrás se rompió la unidad de cada uno con Dios.

Conclusión

Lo primero a restaurar es la comunión de cada uno con Dios y entonces podrán acercarse entre ustedes. Haz que Dios esté en tu vida para que esté también en tu matrimonio. ¿Vives con él o con ella y aún no te has casado celebrando el Pacto Matrimonial? ¡¿Qué esperas?!

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Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.
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