La Biblia enseña que no debemos menospreciar a la mujer. Jesucristo dignificó a la mujer. En su tiempo y por una mala interpretación de la ley, los religiosos de la época consideraban a las mujeres, los ancianos y a los niños como seres humanos de segunda clase. Por lo tanto, los hombres decidían sobre el destino de todos los demás. Pero Jesús habló del reino de los cielos que se había acercado, un reino donde Dios es Dios y donde los seres humanos comparten ––como siempre fue para Dios–– el mismo valor y dignidad.

26 Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, 27 porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. 28 Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. 29 Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa. Gálatas 3

Muchos mal llamados cristianos ––porque no entienden lo que Cristo enseñó–– pretenden otorgar a la mujer un valor menor al del hombre. El texto bíblico citado nos pone frente a una extraordinaria realidad: en el mundo que Dios creó y desea volver a instaurar a través de Jesucristo nadie tiene mayor ni menor valor porque todos somos herederos de las mismas promesas y somos uno en Jesús mediante la fe.

  • Escucha aquí este podcast especial sobre La iglesia y el feminismo.

Mismo valor dentro de un orden

El Señor nos ha hecho iguales en dignidad al hombre y a la mujer. Nos creó a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Eso da un valor intrínseco a ambos sexos.

Toda la creación muestra un orden y la especie humana, compuesta por hombres y mujeres, no es la excepción (Efesios 5:22-33). Dicho orden no da un valor especial a un sexo por encima del otro.

Veamos: la mujer se sujeta al varón, y este a su vez se sujeta a Cristo, y el Hijo a su vez se sujeta al Padre. Si sumamos a los hijos a la ecuación, ellos se sujetan a los padres. Dios provee un orden en las relaciones como ha dado orden a todo lo creado. Ninguno vale más que el otro.

La diferencia es de responsabilidades, no en dignidad. De hecho, el hombre debe amar a su mujer como Cristo amó a su iglesia, frase con amplias y profundas implicaciones prácticas que se traducen en responsabilidades del varón para con la mujer: no porque ella no pueda, no porque él es más, sino porque él ha sido responsabilizado por ella. Tampoco significa que se considere al hombre como si fuere “Cristo”, sino que dice que debe amar a su esposa como Cristo amó a los suyos.

Lo que implica el orden de Dios

¿Por qué Dios establece un orden para la convivencia humana? En la pregunta se encuentra la respuesta. El orden es indispensable para la convivencia humana. Su propósito es desarrollar relaciones sanas. El problema no es el orden, sino que nuestra naturaleza corrompida por el pecado también corrompe el orden dado.

Si todos quisiéramos gobernar no sería posible. Si todos quisiéramos dirigir, mandar, legislar, hacer cumplir la ley, imponer justicia o cobrar impuestos, en fin, ejercer el tipo de autoridad que se te ocurra, no podríamos. Debe existir un orden para que sean unos los que ejerzan tal o cual autoridad. Es por eso que es ridículo que los hijos le digan a los padres cómo educarlos.

La autoridad es delegada por Dios al ser humano para que impere el orden, la paz y la justicia. Si se abusa de la autoridad o no es ejercida se dará cuentas a Dios por ello. Lo que tienen en común quienes ostentan autoridad es que deben usarla para servir a los demás. El hombre debe usar su autoridad con su esposa para servirle al amarla, cuidarla y proveerle, entre muchas otras expresiones del servicio. Otra vez: no porque ella no pueda amarse, cuidarse y proveerse, sino para garantizar un equilibrio en las relaciones. Si el hombre no la ama, cuida y provee, en vez de ejercer su autoridad así, lo que hará es abusar, denigrar, maltratar, humillar, controlar…

Cuando el hombre y la mujer compiten por poder en su relación es por el pecado. Uno quiere dominar al otro. En ausencia del orden de Dios en el que el servicio es voluntario, el pecado distorsiona esta relación para que sea un servicio impuesto, obligado. Insisto, la responsabilidad del hombre es ejercer su autoridad al servir a su familia, pero el pecado domina al hombre par distorsionar tal orden y lo convierte en ambición de poder para que el hombre imponga su voluntad haciendo a un lado la de Dios.

El pecado distorsiona la creación de Dios

Cuando los hombres hacemos lo malo distorsionamos la dignidad de la mujer para darle menos valor, abusar de ella y humillarla. Eso no es ejercer autoridad, no es vivir en orden.

En un entorno en el que el hombre se sujeta a Cristo haciéndole su cabeza o autoridad existe la garantía de que servirá a su mujer y a su familia amorosa y sacrificialmente. La iglesia debe asegurarse de que los hombres se sujetan a Cristo, por el bien de las familias que la integran. Es en ese contexto en el que se le instruye a la mujer sujetarse a su marido, a uno que vive sujeto a su Señor.

Es así como podemos entender que el pecado rompa con ese orden. Por ejemplo, si el varón es orgulloso, para empezar rehuirá al Pacto Matrimonial y procurará vivir con la mujer pero evitará comprometerse con ella ––y su familia–– al rechazar casarse. No hablo solo de cambiar el estado civil, sino de demostrar su amor y servicio al hacer un compromiso con Dios y la otra persona.

Con la mentira, la soberbia, la falta de perdón o rencor, el odio, los pleitos o la inmoralidad sexual en sus múltiples expresiones, el pecado de uno y otro tendrán consecuencias que sufrirán, en lugar de disfrutar los beneficios.

Dar honor a la mujer

Dios conoce a su creación. En sus mandamientos es la mujer a la que busca proteger de los abusos del hombre.

Al mandarle sujetarse a Cristo, el Señor procura transformar el corazón y mente egoístas del varón para que sirva a su esposa sin trabas, en orden y de forma saludable para ambas partes. El apóstol Pedro en su primera epístola hace una petición sin igual a los de su género:

Ustedes, maridos, de la misma manera vivan con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que las oraciones de ustedes no sean estorbadas. 1 Pedro 3 (RVA-2015)

En otra versión dice que vivamos con ellas “sabiamente”. Y claro, perder de vista que Dios nos ha dado una responsabilidad y un privilegio para con la mujer producirá pecado. Pedro nos dice de manera muy original que el varón no debe aprovecharse de su fuerza física.

Asimismo, nos recuerda que la mujer heredará, junto con el hombre, las promesas para aquellos que creen en Jesucristo. No hay desventaja para ellas porque son tan hijas de Dios como ellos y es razón suficiente para que reciban honra de parte de los varones.

Conclusión

Ellas y nosotros estamos llamados a ser uno con Cristo… ¡esto es muy superior a la llamada igualdad de derechos! Nuestro Señor Jesús no es ni machista ni feminista, él es justo. Aquellas son consignas con las que queremos forzar el evangelio para que diga lo que pensamos. Es el pecado el que distorsiona la relación entre el hombre y la mujer, por eso debemos reconciliarnos con Dios y abandonar el mal que hacemos.

Tal vez podría interesarte:

  • Escucha aquí este podcast especial sobre La iglesia y el feminismo.
  • Da clic aquí para leer las publicaciones de la serie #SéHombre.
Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. Es autor del éxito del librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.
Encuentra más sobre estos temas en su libro de Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo“. También está disponible el libro de Restauración Personal “40 días en el desierto” y de Restauración de Iglesias “La Iglesia Útil“.

Síguenos en Facebook.com/restauraministerios

Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.