Aprovechemos el inicio de un nuevo año para reflexionar en nuestro propósito. igleisa2016

Restaura Ministerios tiene el objetivo de llamar a la iglesia a la restauración de su comunión con Dios. ¿Por qué? Hay mucho pecado entre sus miembros, entre nosotros.

Jesucristo mismo se ha referido a su iglesia como su esposa en algunas parábolas, y los apóstoles continuaron con esta metáfora. En la carta a los efesios se dice que el Señor amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa, purificada mediante la obediencia a la palabra de Dios, con el fin de presentársela a sí mismo radiante, sin mancha ni ninguna otra imperfección, sino intachable (Efesios 5:25-28).

Esto significa que los creyentes confiamos en los méritos de Cristo para ser aprobados, pero demanda de nosotros obrar en congruencia con esa santidad y pureza por amor a aquel que se entregó por cada uno. Eso sería la consecuencia de nuestro arrepentimiento del pecado al haber depositado nuestra fe en Jesús.

Sin embargo, en el trabajo que hacemos entre las iglesias vemos discordias, envidias, contiendas, chismes, orgullo, ira, maledicencias, pleitos, avaricia, codicia, mentira y muchos otros actos de desobediencia a Dios que son inaceptables en la esposa del Señor. De manera que el reto más importante que tenemos es la OBEDIENCIA, lo cual producirá santidad en la iglesia. Abandonar nuestro pecado producirá un conjunto de cambios impresionantes en nuestras comunidades de fe, pues implicará entregar a Dios el control de ellas, mostrando disposición para ser guiados por el Espíritu Santo, y no por nuestra soberbia, nuestras estrategias humanas y nuestros conocimientos intelectuales.

Otros retos se derivan de nuestro amor al pecado, no obstante muchas veces no es tan claro como adulterar, robar, mentir, fornicar, ser esclavos de algún vicio, o nuestra obsesión por mantener las apariencias de ser espirituales cuando en realidad no lo somos, lo cual es hipocresía. A veces, nuestra IDOLATRÍA al entretenimiento, al dinero, a nuestra posición social y a nuestra comodidad es difícil de distinguir por no tratarse de cosas malas en sí mismas, mas podríamos amarlas demasiado, al grado de ponerlas por encima de Dios, de nuestra familia, seres queridos o de la obra del Señor o de nosotros mismos.

¿Cómo saber si las cosas anteriormente enlistadas son o no son pecado actualmente en nuestras vidas? Nuestro propósito de existir es adorar a Dios al amarlo con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra mente y con toda nuestra alma, pero cuando no podemos entregar o someter algo al Señor, podríamos estar amando más eso que a él, lo cual es idolatría.

En la cultura en la cual vivimos el entretenimiento, el dinero y el consumismo (que muchas veces indica nuestra posición social y provee nuestra comodidad) son auténticos dioses y compiten naturalmente entre las prioridades de la iglesia y de sus miembros. Vaya, ¡compiten con Dios! Amar estas tres cosas complica mucho amar al prójimo, compartir con él lo que nos ha sido entregado, apartar tiempo para meditar en la palabra, buscar la voluntad de Dios en oración y servir a otros. Por eso vencer la CODICIA (desear lo que no tenemos que el otro tiene) y la AVARICIA (acumular o atesorar irracionalmente cuando sabemos que otros tienen necesidad) es un gran reto entre los creyentes de esta generación.

No se trata de darnos baños de pureza y decidir apartarnos del mundo corrupto porque somos muy buenos, sino de conocer realmente a quien adoramos, amamos y servimos, Dios, para vivir según el propósito que él ha definido desde el principio, del cual Jesucristo nos ha enseñado y dado ejemplo, para así tener comunión con él.

En Apocalipsis leemos que el Señor habló a iglesias, y a las que pecaban las llamó al arrepentimiento, es decir, a abandonar sus pecados. Ese llamamiento no ha cambiado.

PREGUNTÉMONOS: ¿Cómo seremos de bendición para nuestras familias, comunidades, ciudades, empleos, países y para el mundo durante el 2016? Amando a Dios, no al mundo.

15 No amen al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, es decir, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2

Conoce más lo que la Biblia dice sobre cómo podemos restaurar nuestra comunión con Dios en el libro La iglesia útil, da clic aquí para apoyar a tu congregación o escribe a contacto@restauraministerios.org para obtener más información.

Efraín Ocampo es consejero bíblico, escritor, cantante, compositor, ex periodista y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.

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