Una cosa es lo que Dios quiere para mí y otra el resultado de mi rebeldía.img_8831

Muchas cosas pasan en nuestra vida: nos hacen daño, arruinan nuestros planes, nos meten en aprietos y aflicciones, afectan nuestro ánimo y prueban nuestra fe. Algunas otras simplemente no nos gustan porque somos egoístas, orgullosos, envidiosos, etcétera.

Ante una situación adversa es común oír que la gente diga que es el plan de Dios para nuestra vida, que el Señor tiene todo bajo control o que ocurrió porque Dios quiso. Algunas veces aseguramos que todo tiene una razón o nos atrevemos a decir que todo ayuda a bien a los que aman a Dios.

¿Será que lo malo que nos ocurre lo quiere Dios? De ninguna manera. Hay dos explicaciones: 1) vivimos en un mundo corrompido por el pecado y el pecado de otras personas nos afecta también; 2) los efectos de nuestros pecados tienen consecuencias y los primeros afectados somos nosotros.

Cuando sufro por mi pecado

Lo primero que debemos hacer como discípulos de Jesucristo es preguntarnos si las circunstancias desagradables de nuestra vida son consecuencia de nuestro pecado. ¿Son o no resultado de nuestra necedad o rebeldía a la voluntad de Dios? Lo anterior es necesario debido a que el apóstol Pedro dice que hay dos tipos de sufrimiento:
1. Por usar nuestra libertad para hacer lo malo.
2. Por padecer injustamente al hacer lo bueno.

“Porque es cosa agradable a Dios que uno soporte los sufrimientos injustamente, por sentido de responsabilidad delante de él. Pues si a ustedes los castigan por haber hecho algo malo, ¿qué mérito tendrá que lo soporten con paciencia? Pero si sufren por haber hecho el bien, y soportan con paciencia el sufrimiento, eso es agradable a Dios”, 1 Pedro 2:19-20 DHH

Por ahora centraré mi atención en el primer tipo, el de cristianos sufriendo por su pecado. Podría tratarse de un hijo que no obedeció el consejo de sus padres y fue expulsado del colegio por su mala conducta; o quizá unos cónyuges que por infidelidades decidieron no cumplir más el pacto matrimonial; o unos solteros que fornicaron y están en problemas; o un empleado despedido de su trabajo por hacer algo indebido.

Así que podemos evitar el sufrimiento que provoca usar nuestra libertad en Cristo para hacer lo malo.

Cuando resulta un bien luego de un mal

Ahora, usando los mismos ejemplos, imaginemos que de nuestro pecado y sus consecuencias algún bien resultó, como describo en las situaciones siguientes.

Podría tratarse de un hijo que no obedeció el consejo de sus padres y fue expulsado del colegio por su mala conducta, para luego inscribirse en otra escuela que le agrada más; o quizá unos cónyuges que por infidelidades decidieron no cumplir más el pacto matrimonial al divorciarse, mas después del trago amargo experimentaron tranquilidad y alegría; o que por la fornicación la mujer se embarazó y su bebé le ha traído alegría.

Aparentemente, luego del pecado y sus consecuencias las personas vieron venir algún bien. No obstante, no te confundas, Dios no espera que hagas males para producir bendiciones (Romanos 3:8). Que ocurran cosas buenas no significa que haber hecho lo malo estuvo bien.

Nunca pienses que tu desobediencia y rebeldía eran parte de su plan. No pretendas que Dios apruebe tus faltas al justificarlas de esa manera.

“¿Qué pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, Romanos 6:1 RVR1960

Decir que Dios es soberano y que él tiene todo bajo control o que todo forma parte de su plan cuando viene un bien después de un mal que provocaste es hipocresía. El problema es que aunque él es Señor tú quieres seguir siendo tu señor.

Cuando mi sufrimiento es por hacer lo bueno

Regresemos al texto de la primera epístola de Pedro. El apóstol nos advierte que es mejor padecer por las injusticias que sufrir por las consecuencias de nuestros pecados.

Hay varios ejemplos en la Biblia para ilustrar que siervos de Dios sufrieron por causa de personas malvadas, pero ojo, no por causa de su propia maldad.

Hay casos especiales, como el de José. Él fue maltratado y vendido por sus hermanos, padeció injusticias siendo extranjero y esclavo, purgó una condena en la cárcel por un delito que no cometió y todo fue usado por el Señor para sus soberanos propósitos. Pero él es José. No podemos pensar que con nosotros pasará lo mismo siempre. Además, él fue íntegro.

Caso aparte es el de los apóstoles. Ellos sufrieron injusticias por su integridad, al aferrarse a hacer el bien, al obrar con justicia a pesar de las circunstancias adversas.

El Evangelio es una doctrina de responsabilidad personal, y no promueve nuestra desobediencia justificándola con supuestos planes que Dios quiere realizar en nuestras vidas. La voluntad de Dios para ti y para mí ha quedado claramente manifiesta: que todos procedamos al arrepentimiento de pecados para alcanzar la promesa que es para quienes depositen su fe en Cristo, y que ya no sirvamos al pecado, sino a la justicia.

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hecho siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”, Romanos 6:22 RVR1960

Cuando sufro por vivir en un mundo caído

En este caso hay que decir que en el mundo hay pecado. La Biblia dice que todos somos pecadores y, por lo tanto, hacemos lo malo y lo injusto. Si en este mundo habitamos algo más a 7 mil millones de personas, ¿estaremos expuestos al mal? ¡Claro que sí! Esto significa que potencialmente cualquiera hace el mal, cualquiera sufre los efectos del mal que hacemos y cualquiera sufre los efectos del mal que otros hacen. A eso se le llama vivir en un mundo caído.

Entonces, vivir en este mundo es una garantía de que sufriremos. Nuestros cuerpos mismos sufren los efectos del pecado y por lo mismo se enferma. Claro, hay explicaciones científicas para explicar qué son y cómo funcionan los gérmenes, bacterias y virus, así como el mal funcionamiento de los órganos o de alguno de nuestros sistemas (nervioso, circulatorio, muscular, esquelético, digestivo, respiratorio, inmunológico, entre otros). Lo que quiero decir es que el mundo, nuestros cuerpos y nuestra mente fueron corrompidos por causa del pecado, pues Dios no creó todo así en un principio.

Como ves, si tu enfermedad te produce un gran sufrimiento no es porque Dios lo quiso, pero nos da la esperanza de que en la eternidad con él ya no tendremos cuerpos corrompidos por el pecado y ya no sufriremos por esa ni por ninguna otra causa. Pero necesitas creer en Cristo y en su evangelio ––conócelo en el libro 40 días en el desierto–– o en nuestros cursos gratuitos.

Conclusión

El plan de Dios es que dejemos de sufrir.

  • Nos salva y restaura para que ya no suframos por nuestro pecado.
  • Salva y restaura para que ya no suframos por el pecado de otros.
  • Promete no olvidar nuestras buenas obras que nos llevan a sufrir injusticias por el pecado en el mundo.
  • Promete darnos un nuevo cuerpo que ya no enferma ni muere ni se corrompe luego de morir y resucitar para quienes creímos y vivimos conforme al evangelio de Cristo.

Sin embargo, Dios ve nuestro sufrimiento cuando padecemos injustamente por hacer lo bueno y lo justo , y cuando el pecado de otros nos afecta. ¡Aprovecha estas oportunidades para que Dios forje tu carácter para hacerlo más y más como el de Cristo. Lee–>

En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.

15 Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. 1 Pedro 3

Encuentra más sobre estos temas en sus libros sobre Restauración: 40 días en el desierto, Amar como a mí mismo y La Iglesia Útil.
Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.

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