Las iglesias condenan al pecador más de lo que lo restauran.

En esta publicación te proporcionaré unos principios a partir de los cuales en tu iglesia local pueden cambiar su cultura de condenación por una de restauración. Claro, si es que lo necesita. Es un hecho que en muchas congregaciones los creyentes ocultan sus prácticas de pecado para no ser condenados por la comunidad o incluso expulsados. Esto provoca que existan múltiples ollas de presión que explotarán en cualquier momento.

Esclavos a la pornografía, la fornicación o el adulterio, mentirosos, defraudadores, chismosos, orgullosos, peleoneros, iracundos, homosexuales, adictos a sustancias ––a incluso a la comida y a la Coca Cola––, hay de todo en cada iglesia. Es normal porque Jesús redime a toda clase de pecadores y nos llama a reconciliarnos con Dios, lo que no es normal es seguir esclavizados a estas cosas.

12 Por lo tanto, no dejen ustedes que el pecado siga dominando en su cuerpo mortal y que los siga obligando a obedecer los deseos del cuerpo. 13 No entreguen su cuerpo al pecado, como instrumento para hacer lo malo. Al contrario, entréguense a Dios, como personas que han muerto y han vuelto a vivir, y entréguenle su cuerpo como instrumento para hacer lo que es justo ante él. 14 Así el pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues no están sujetos a la ley sino a la bondad de Dios.

Romanos 6

El Señor nos une a su Iglesia para santificarnos y que unos a otros nos estimulemos al amor y a las buenas obras con el fin de continuar creciendo más y más a la imagen de Jesús. Pero, ¿qué pasa cuando es descubierto un practicante de un pecado? La respuesta depende de la cultura que tengamos, si de condenación o de restauración. Si es lo primero, lo señalamos con el pretexto de ayudarlo y, por lo general, terminamos destruyéndolo cuando lo que teníamos que hacer era restaurarlo. En ese caso, debemos cambiar nuestra manera de ser útiles a quienes tropiezan.

¿Qué es una cultura de condenación?

Una cultura es el conjunto de costumbres de un grupo social en una época. Cada iglesia tiene sus tradiciones, sus razones, sus prioridades, sus ministerios, sus celebraciones y, lo que es de nuestro interés para este artículo, su modo de hacer las cosas. La pregunta es: cuando alguien es sorprendido pecando, ¿qué hace la iglesia?, ¿cómo lo hace?, ¿por qué lo hace?, ¿cuándo lo hace?, ¿quién lo hace?, ¿para qué lo hace?

Lo que muchas iglesias hacen es reaccionar con indignación, enojo, condenación, castigo. Muchas veces el método es exponer ante la congregación al transgresor para que sea humillado públicamente y sea un ejemplo para los otros. Aquí habría un debate, pues considero que esto podría ser necesario solo en algunos casos, no en todos. En ocasiones, si la falta es considerada menor, se le confronta personalmente con las cuatro acciones que puse en cursivas. Se hace porque los cristianos no hacen cosas malas, porque Dios es santo y sus hijos somos santos o a veces simplemente porque “así se ha hecho“. Por lo común, se hace cuando alguien es sorprendido pecando y quien lo hace es el pastor. La finalidad, aparentemente, es para castigar, aunque generalmente se cree que se está disciplinando y esto pocas veces se consigue.

En nuestra experiencia de 8 años trabajando con iglesias hemos encontrado estas respuestas que constituyen una cultura de condenación porque no está interesada en el pecador, sino que se concentra en reaccionar para corregir una situación que se opone a sus reglas.

Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias. Porque pueden estar seguros de que nadie que sea avaro (es decir, idólatra), inmoral o impuro tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia.

Efesios 5

¿Qué es una cultura de restauración?

Una cultura de restauración reconoce que la iglesia está constituida por pecadores que, sí, estaban esclavizados a sus maldades, pero ahora viven como libres por medio de la fe en Cristo. La realidad del pecador arrepentido es que llegará a cometer pecados, pero no son una práctica constante , deliberada y obstinadamente; a diferencia de otros que practican pecados y siguen esclavizados o han vuelto a esclavizarse a ellos. Es posible apreciar estas verdades en Romanos 6 y 8, Gálatas 5, Hebreos 10, 1 Pedro 1 Juan 2 y 3, Judas y Apocalipsis 21:22-27, 22:14-15, entre muchos más.

Si la iglesia está constituida por pecadores que pecan, aunque no practiquen el pecado, significa que lidian con tentaciones y que en algún momento llegarán a tropezar. El testimonio bíblico nos muestra que en la iglesia también hay personas que practican el pecado, sea por ignorancia del evangelio o por obstinación, y también necesitan restauración. Cuando eso pase, la iglesia debe estar lista para restaurar.

Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo. 

Gálatas 6:1

Eso implica que los miembros de la iglesia local conocen su fe y son espirituales (la ponen en práctica) y que son humildes, es decir, restauran con amor sabiendo que mañana podrían ser ellos y eficacia para lograr el objetivo deseado. ¿Cuál es? Que sepa por qué pecó, que recuerde su identidad en Cristo, que se arrepienta de su pecado y persevere en su fe en el poder del Espíritu (no en su fuerza de voluntad) ayudando a otros a hacer lo mismo.

¿Cómo pasar de la condenación a la restauración?

La base de una cultura de restauración es una cultura de discipulado. Esto nada tiene que ver con un programa institucional, organizacional, corporativo o educativo, sino con crear las condiciones que favorezcan la acción del Espíritu Santo en la iglesia. Tales condiciones son:

  1. Llevar al evangelio o recordárselo a las personas. Muchos creyentes no pueden explicar el evangelio. La gran mayoría de los que practican pecados en la iglesia no lo conocen realmente y muchos de los que tropiezan dedicaron más tiempo a sus responsabilidades en sus ministerios que a su relación personal con Dios, por lo que no estaban concentrados en vivir las verdades preciosas del evangelio.
  2. Tener fe como punto de partida. Hay que asegurarnos de que cada miembro de nuestra iglesia local tenga claro lo que implica seguir a Jesucristo para estimularnos entre todos a la fe y a las buenas obras. Entonces podremos corregir motivaciones erróneas como la superstición, la religiosidad, el tradicionalismo.
  3. Vincular el evangelismo con el discipulado. Es necesario asegurarnos de que la vocación de la iglesia no sea el evangelismo, sino hacer discípulos de Jesucristo. Lo primero es la anunciación y lo segundo el compromiso de largo plazo entre los creyentes de perseverar juntos como un solo cuerpo con una sola cabeza.
  4. Discipular: lo que hacemos los unos por los otros. Esto implica asegurarnos de que no estamos llevando a cabo un programa educativo impersonal, sino un compañerismo fundamentado en el amor y el sacrificio entre los miembros del cuerpo de Cristo.
  5. Hacer del consejo bíblico la materia prima. Cuando nos restauramos, discipulamos y aconsejamos no lo hacemos según la opinión de cada uno, sino según la verdad que nos ha sido revelada. El consejo de Dios es hacia donde todos acudimos para estar en comunión con él y entre nosotros.
  6. Juzgar como una sagrada labor. Si te has fijado bien en este artículo no he hablado de juzgar, sino de condenar. Para discipularnos es necesaria la rendición de cuentas, no como policías “espirituales”, sino en amor, amistad, cuidado mutuo y espiritualidad. Para ello todos acudimos al consejo bíblico. Así evitamos los juicios personales y nos juzgamos según la verdad, con justo juicio, con el fin de animarnos a perseverar y ser como Cristo, no para destruirnos y condenarnos.
  7. Perseverar para salvación. Entonces, nuestras obras reflejarán no solo lo que creemos, sino lo que somos: hijos de Dios, redimidos, regenerados, consagrados para él, salvos de esta perversa generación, adoradores del Señor. Así actuaremos como una verdadera comunidad, ocupada en el bienestar de todos y en la espiritualidad propia y de los hermanos.

Encuentra más sobre este tema en el libro de Restauración de Iglesias “La Iglesia Útil“. También lee el libro de Restauración Personal “40 días en el desierto” y el libro de Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo”.

Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.

Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.