Si fueras un nuevo creyente, ¿como te gustaría ser tratado?

Es clásico que a los nuevos creyentes o les exigimos demasiado o nos desentendemos de ellos una vez que pisan el edificio donde nos reunimos periódicamente. Ninguna de estas actitudes hacia ellos es correcta y les hará un gran daño en el corto y en el largo plazo. 

En nuestra experiencia promoviendo y ayudando a iglesias locales a implantar una Cultura de Discipulado hemos identificado estas 5 claves para trabajar con nuevos creyentes y estamos seguros de que ayudarán a tu congregación a crecer de manera sana.

1. Revisa el evangelio que crees y enseñas

Nuestros errores al tratar con nuevos creyentes están fuertemente vinculados al evangelio que recibimos, creemos y predicamos. Si creemos que una oración da la salvación, creencia que no es bíblica, vamos a abandonar al nuevo creyente y no atenderemos sus necesidades ni lo discipularemos porque aunque viva practicando el pecado “ya es salvo” y la salvación no se pierde. Por otro lado, si confundimos la obediencia a Dios con la obediencia a los mandamientos de hombres mediremos su espiritualidad con sus diezmos, servicio, cargos que desempeña, asistencia a los cultos y actividades en las que participa sin importar cómo está realmente su vida.

Lo anterior generalmente provoca que un buen día abandonen la iglesia, debido a las presiones a las que son sometidos muchas veces sin haber entendido realmente el evangelio o que permanezcan en ella como una costumbre o tradición pero que en realidad se encuentren alejados de Dios.

El problema, por lo común, es repetir lo que nos enseñaron sin habernos tomado el tiempo de haberlo aprendido por nosotros mismos al recurrir a la Biblia. Entonces, somos incapaces de saber si fuimos bien enseñados o si estamos repitiendo algunas verdades combinadas con mentiras. Antes de trabajar con nuevos creyentes revisa en qué crees para enseñar el evangelio de Jesucristo y no una versión de él.

2. Asegúrate de que acudan a Cristo, no a un edificio

Muchos grupos consideran que la llamada “gran comisión” es predicar el evangelio y que las personas “reciban a Cristo” haciendo oraciones. Esto es falso, pues la Biblia no enseña eso. La vida cristiana es eso, una vida consagrada a Dios todos y cada uno de sus días al dejar de adorar a las personas, las cosas o a uno mismo para adorar a Dios al haberse reconciliado con él mediante la fe en Cristo.

Desde antes de que alguien decida seguir a Jesús nuestro objetivo siempre debe ser que le conozcan. Suena obvio, pero el objetivo muchas veces es que conozcan nuestra versión de cristianismo, a nuestro pastor, a nuestra congregación y no necesariamente al Hijo de Dios.

Si creemos que ser cristiano es hacer oraciones o asistir a unas reuniones nuestro propósito será llevar gente a nuestras congregaciones, pero más específicamente, a nuestros edificios de reunión. Una vez que acudan a nuestras actividades con frecuencia ya no serán importantes para nosotros porque habremos cumplido la “gran comisión”.

3. Enséñales en qué consiste la iglesia local

Hacer discípulos de Jesús verdaderamente es acompañar a otros durante nuestras vidas (y las suyas) para presentarlos perfectos, ocupándonos de que el Señor siga haciendo su obra en nosotros y en ellos. ¡Esto es ser iglesia! ¿Cómo enseñar en qué consiste la iglesia? Al ser iglesia con el nuevo creyente.

Conozcámosle en lo personal, a su familia, procuremos convivir con él fuera de las reuniones “de iglesia”, preocupémonos y ocupémonos de su vida. Dedicar tiempo a alguien es la máxima prueba de amor. Seamos familia, amigos, hermanos, papás, hijos para esa persona.

La iglesia local no son actividades con fines espirituales, es el cuerpo de Jesús, del cual él es su cabeza, para abrazar, ayudar, guiar, proveer, enseñar, dar ejemplo, cuidar, sanar…

4. Sé ejemplo

Una de las frases más populares de las iglesias es “no me veas a mí porque soy imperfecto, fija tu mirada en Jesús”. Suena muy piadoso, pero en realidad estamos lavándonos las manos y liberándonos de la responsabilidad de dar ejemplo. En la Biblia encontramos todo lo contrario: llamados a imitar el ejemplo de los que son maduros en la fe.

Claro, enseñemos que la santidad no es cero errores o ausencia de pecado. Estamos en un mundo caído y vivimos aún con una naturaleza pecaminosa que, si bien crucificamos con Cristo cada día, por el momento está presente. La santidad es la consagración a aquel que pagó con su sangre nuestra libertad, nuestra salvación, nuestra vida. Llegaremos a fallar en alguna ocasión, pero nuestro testimonio de amor a Dios y al prójimo hablará por nosotros.

Es de vital importancia instruir con el ejemplo. Es la manera en la que el nuevo creyente verá que el evangelio es verdad, que Dios nos regenera y transforma a la imagen de su Hijo, que él salva y esa salvación comienza desde ya con nuestro ser siendo ofrecido como ofrenda viva. El ejemplo es evidencia del poder de Dios en sus hijos.

5. Sé paciente y restaura

Recuerda, hablamos de nuevos creyentes y un bebé espiritual va a aprender a caminar e intentará correr y tropezará con cierta frecuencia. La paciencia con ellos es un signo del amor de la iglesia y su vocación de discipular.

El nuevo creyente requerirá con mayor regularidad ser restaurado y debemos exhortarle, corregirle y reprenderle con gracia y misericordia. Pasa en ocasiones que las iglesias los tratamos con dureza sin discernir que van algunos pasos atrás. Ser demasiado ásperos con ellos es señal de que el liderazgo podría estar falto de madurez y entendimiento.

No se puede tratar a alguien que no es maduro espiritualmente como si lo fuere. No podemos esperar de ellos lo que esperamos de nosotros mismos. La calidad de una iglesia local es visible en la manera en la que trata a los nuevos creyentes. ¿Tu iglesia les cuida como a un bebé o ni siquiera ha pensado en ello?

Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros.
Encuentra más sobre este tema en su libro de Restauración de Iglesias “La Iglesia Útil“. También lee el libro de Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo” y de Restauración Personal “40 días en el desierto“. Descarga gratuitamente su último libro “Las iglesias del covid-19”.

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