Después del dolor de la muerte hay una “nueva normalidad”.

Hace un año me sentaba a la mesa con mi familia a celebrar la Cena de Pascua, ¡y cómo amaba escuchar a mi esposo explicarnos la salida de Egipto y conectarla magistralmente con la historia de la cruz! Hoy me tocó a mi contarla y no tuve opción más que alegrarme porque es la invitación de Dios y es ineludible:

11 Y te alegrarás delante de Jehová tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero, el huérfano y la viuda que estuvieren en medio de ti, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner allí su nombre. 12 Y acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos.

Deuteronomio 16

Hay una verdad que estoy descubriendo y que me asusta: Que no hay tal cosa como “superar” la pérdida, las etapas del duelo sólo me recuerdan que al final tendré que aceptarlo. Esta sacudida de la vida me está dejando un “nuevo normal”. Mientras despierto a la realidad tengo que decirlo como es: nunca volveré a ser mi vieja yo.

Me estoy convirtiendo lentamente en una persona diferente porque me hice una sola carne con el amor de mi vida y ya no está. Mi proyecto de vida era con él, mis planes los hacía con él, mi familia era dirigida por él y amaba ser su esposa. No significa que tiene que ser negativo, sanar también implica encontrar fuerzas renovadas y gozo escondido. Estoy descubriendo que la meta de este proceso no es esforzarme por preservar las cosas como si fueran normales. No puedo parchar esto, no hay remiendo, no lo puedo arreglar. Sólo me queda reconocer que esta es mi nueva vida, que estas cicatrices se convertirán en sabiduría y mi corazón herido encontrará coraje para reconocer que me estoy convirtiendo en una nueva persona; y eso no es malo, simplemente es la realidad.

El corazón de la fe testifica que hay “asuntos inconclusos”, que hay más de lo que parece, que el mal no tendrá la última palabra y que todas nuestras lágrimas serán un día para siempre borradas.

8 “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho”.

Isaías 25

A pesar de la ambigüedad que impregna la vida en este mundo la fe “espera en contra de la esperanza” de que el SEÑOR Dios intervendrá y traerá sanidad eterna a todos nosotros. Como dice:

10 El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová y apóyese en su Dios.

Isaías 50

Hoy celebro que mi Dios me sacó de Egipto, de la esclavitud del pecado, que el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, sin defecto, fue sacrificado y que su sangre ha entintando los dinteles de mi corazón y me protege de Faraón (el adversario) quien ya no tiene potestad sobre mí.

La fe es una especie de “sana protesta” sobre el estado del mundo y de mi propia incertidumbre: “¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Para siempre?” Finalmente Dios nos libera de todos nuestros miedos y hace todas las cosas correctas … “Bittajon” en hebreo, confianza, es una palabra para este mundo que dice: “Aunque él me mate, confiaré en él …”

Pascua o Pesaj en hebreo significa “pasar por encima”, “cruzar”. Dios ha cruzado la puerta de mi alma y me ha liberado, me ha protegido y me ha amado con amor eterno. Está demostrado. Su Hijo lo probó en la cruz y me basta. Si fuera lo único que hiciera por mí sería suficiente, y sin embargo, también me carga cuando ya no puedo más, me alimenta con pan del cielo, y me sostiene como una estaca firme ahora que camina conmigo mientras me transformo en esta nueva persona. Quizá de eso se trata este desierto… quizás… al otro lado del mar lo descubriré.

Catalina Gomez Fonseca fue esposa del pastor Hiram Ramírez, quien el 2 de enero de 2019 descansa esperando el día glorioso de la resurrección. Tuvieron 3 hijos que educaron en casa. Viven en Puebla, México. Desde hace 21 años ha servido en la Iglesia Bíblica El Camino. Es diseñadora gráfica de profesión, lingüista por hobby, maestra por vocación, apasionada estudiante de la Escritura y los idiomas bíblicos, canta desde los 9 años y está convencida de que la Biblia contiene respuesta a todas las preguntas de la vida. Es coautora del Blog Hijos de Abraham, un espacio de provocativa reflexión bíblica.

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