Llegó el momento de hablar de depresión.

Seamos sinceros: por supuesto que me expongo a que no puedan creer que soy depresiva y me avienten un montón de versículos y libros porque algunos suponen que tener fe es sinónimo de jamás experimentar estas emociones.

Primero, no entren en pánico. Tengo la tendencia a deprimirme. Soy artista y melancólica. En los ochentas solía poner música de los Jefferson Starship o de Toto, luces azules y meterme debajo de las cobijas. No hago nada mediocremente. Si te vas a deprimir hay que hacerlo con luz azul y buena música.

Hay momentos en la vida en la que diversos factores pueden llevar a una persona a sentirse sumamente triste. En la adolescencia a veces es la falta de propósito, soledad o cosas más serias como problemas familiares o corazones rotos. También las hormonas te pueden poner loco y controlan tu estado de ánimo; son poderosas, si no observa a una mujer ciertos días del mes o después del parto o pregúntenme sobre los síntomas de la menopausia temprana. Por supuesto que una crisis o una pérdida pueden provocar depresión.

Ahora, no es lo mismo tener periodos de depresión a estar crónicamente deprimido. Voy a ser honesta, hoy estoy deprimida y es normal experimentar periodos de tristeza profunda. A veces no se puede evitar. ¿Cómo evito sentirme triste cuando voy a acostarme sola y despierto sola después de haber compartido ese espacio con el amor de mi vida por 23 años? ¿Cómo evito la tristeza cuando miro fotos o recuerdo eventos? ¿Cómo no llorar cuando me falta mi otra mitad y me queda claro que para los grandes momentos de la vida de mis hijos ya no va a estar su papá en primera fila? Mira, lo escribo y no puedo evitar llorar, no se puede evitar estar triste en una situación así.

A lo mejor estás deprimido y no lo sabes. Te voy a decir los síntomas. Pon atención: los más comunes son pérdida del apetito (para algunos es lo opuesto) seguido por periodos de insomnio. Cuando avanza siente uno deseo de aislarse de todos incluyendo la familia. Es muy común perder interés por las cosas que aún disfrutabas. Es muy difícil concentrase. A veces sólo se tiene deseos de dormir y si no se atiende empieza a afectar tu cuerpo al punto de comenzar a sufrir ataques de ansiedad que se manifiestan con taquicardia, dificultad para respirar, dolor en el pecho, mareo. Se parece mucho a los síntomas de un ataque cardiaco, literalmente sientes que el corazón se te va a parar y es que tu cuerpo refleja que está sometido a tal nivel de estrés que ya no puede manejarlo.

Una crisis depresiva no debe durar más de dos semanas. De otra manera, pronto se convierte en crónica y llegar a ese punto puede ponerte en peligro de ti mismo. Es muy fácil comenzar a alimentar pensamientos destructivos. Por esa razón, hay que hacer algo a tiempo como ocuparte de tal manera que puedas mirar con otra perspectiva la crisis. Si tienes que ir con un consejero o terapeuta hazlo. Esta semana tengo cita porque lo necesito. A mí me ayuda orar y pedir auxilio hacia el cielo, recordar que aún los grandes héroes de la fe pasaron por desiertos y valles de sombra de muerte. Elías estuvo tan triste que no quería comer. El Rey David muchas veces estuvo deprimido. La diferencia es que no se daba chance de estar abatido porque tenía una relación tal con Dios que tan pronto percibía que estaba llegando al fondo volteaba al cielo y buscaba al que lo conocía mejor que nadie y siempre encontraba respuestas, me encanta el Salmo 142, mira cómo dice:

1 Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia.
2 Delante de él expondré mi queja; Delante de él manifestaré mi angustia.
3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
4 Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida.
5 Clamé a ti, oh Jehová; Dije: Tú eres mi esperanza, Y mi porción en la tierra de los vivientes.
6 Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
7 Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; Me rodearán los justos, Porque tú me serás propicio.

Salmo 142

Descubrí que escribir es terapéutico, y ocuparme en cosas que disfruto. Cuando siento que ya no puedo estar de pie me arrodillo. Cuando el dolor es insoportable alabo a Dios. Ahora entiendo por qué la gente se vuelve a las drogas o al alcohol cuando experimentan una gran pena. A veces desearías poder adormecer el alma para sentir menos. El problema es que tu carácter se debilita y no hay que ser genio para saber que depender de una sustancia es una espiral descendente y cuando regresas del “escape” estás en el mismo lugar donde estabas antes y teniendo que enfrentar el mismo duelo con una terrible resaca.

El duelo produce olas de emociones profundas, y a veces no hay de otra más que llorar. El sabio Salomón escribió:

“Todo tiene su tiempo… tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar”.

Eclesiastés 3:1-4

De las cinco etapas del duelo ––negación, ira, negociación, depresión y aceptación–– yo me salté la tercera y me fui directo a la cuarta. Estoy enfrentando la realidad de que no puedo llenar el vacío y tengo dos opciones rendirme emocionalmente o aceptar que los tesoros más valiosos que tengo son las personas que me rodean: las que todavía están aquí, las que puedo abrazar y para las que soy útil.

Para los que creemos en la Biblia es un consuelo recordar las palabras de Jesús:

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.

Juan 5:28

Estoy segura de que la muerte no es permanente, pero no deja de ser separación y tengo que recordarme las dos cosas constantemente y eso me acerca a la etapa de aceptación.

Ya han transcurrido algunos meses desde la partida de mi güero ojos verdes y puedo elegir usar todas las habilidades que he desarrollado en mi vida adulta para florecer o puedo escoger prender el foco azul, meterme debajo de las cobijas y perderme de la vida allá afuera. Créeme que mi cuerpo me pide lo segundo, pero hoy le tuve que recordar que yo estoy a cargo.

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Romanos 8:28

Catalina Gomez Fonseca fue esposa del pastor Hiram Ramírez, quien el 2 de enero de 2019 descansa esperando el día glorioso de la resurrección. Tuvieron 3 hijos que educaron en casa. Viven en Puebla, México. Desde hace 21 años ha servido en la Iglesia Bíblica El Camino. Es diseñadora gráfica de profesión, lingüista por hobby, maestra por vocación, apasionada estudiante de la Escritura y los idiomas bíblicos, canta desde los 9 años y está convencida de que la Biblia contiene respuesta a todas las preguntas de la vida. Es coautora del Blog Hijos de Abraham, un espacio de provocativa reflexión bíblica.

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