Las iglesias somos cómplices cuando los grupos de alabanza fallan.  img_7856

El tema de los grupos de alabanza y los vicios, problemas y errores que lo acompañan van más allá del estilo musical. Este ministerio es un reflejo más de la salud o falta de salud de las congregaciones y lo explico en los siguientes siete puntos.

1. Entre más, mejor.

Normalmente se sueña con todo un ensamble y que los cantos suenen tal como los grupos de alabanza favoritos del momento. El reto es que ciertos músicos de la congregación viven una vida carnal, otros tienen motivaciones incorrectas para participar en el grupo o los conocimientos y técnica de algunos son demasiado limitados.

El verdadero problema llega cuando esas personas son las únicas que desean participar y las reclutamos sin un trabajo espiritual previo. ¿Por qué? Entre más, el grupo sonará mejor. Ya la consagración vendrá después, pensamos.

2. El tema del compromiso.

La realidad es que en muchas ocasiones el grupo de alabanza es un compromiso mientras no existan otros compromisos, como una salida de fin de semana o un concierto muy esperado, por ejemplo.

Por ello siempre se habla de compromiso y se batalla con que los integrantes asistan a los ensayos, oren, lean su Biblia, se inscriban a los cursos bíblicos o por lo menos se queden dentro de la reunión dominical luego de su participación.

Cuando se reduce el compromiso a estar el día de los ensayos y a tener disciplinas espirituales, no se comprende que se trata de consagración a Dios, no por ser miembros del grupo de alabanza, sino por ser discípulos de Jesucristo que le han hecho Salvador, sí, pero también Señor de sus vidas.

3. No entienden qué es ser un ministro.

Lo anterior nos lleva al siguiente error. No se les enseña lo que implica ser un ministro de las cosas de Dios. Los miembros del grupo de alabanza están ahí no sólo por saber tocar, saber cantar o saber dirección musical o coral, sino para servir a Dios y a la iglesia.

Un siervo de Dios disfruta de una vida de sujeción a la voluntad de su Creador y Señor. La consagración de todo creyente es indispensable para ejercer su fe y no se puede esperar menos de un ministro. Si son dos o uno los que quieren consagrarse para ministrar en la alabanza, eso es lo único que Dios necesita.

No deben estar en un lugar del que no son dignos quienes son parte del grupo de alabanza (o de cualquier ministerio) al no tener como propósito el servicio, sometiendo sus voluntades a aquel al cual sirven, viviendo irreprensiblemente para, primeramente, que sus vidas sean motivo de alabanza a Dios, y después sus talentos y dones.

4. Poco o nulo sentido de la responsabilidad de ser ministros.

A veces los miembros de los grupos de alabanza viven en franca desobediencia a Dios y se les tolera porque es más importante tener música el domingo que cómo estén sus vidas o el testimonio que dan.

De por sí es grave que no tengan un cuidado espiritual o que deliberadamente estén practicando pecados. Además muestran un desprecio por ser excelentes en lo que hacen y tampoco ensayan la parte musical por su cuenta, olvidando que todo lo que hacen es parte de su adoración a Dios como sus hijos.

Nos preparamos bien para hacer nuestro trabajo o para salir bien en un examen, ¡cuánto más deberíamos ofrecer lo mejor de nosotros para el que es digno de toda la gloria! Mas no le glorificamos cuando no hacemos siquiera lo mínimo necesario. Por lo tanto, se carece del sentido de responsabilidad de lo que ser ministros implica.

5. La selección de las canciones.

Hay que elegir lo que funciona, lo que pone a la congregación eufórica o sensible hasta las lágrimas. Sobre todo cuando no hubo tiempo de elegir nuevos cantos o de ensayar hay que tocar las “efectivas”, las que ya se sabe que las personas aman.

¿Importa si sus letras contradicen abiertamente la Biblia? No. ¿Importa si nunca mencionan las palabras “Dios”, “Jesús” o no se sabe a quién van dirigidas? Tampoco. Si el responsable de la alabanza no lee su Biblia ni procura conocer al Dios que dice adorar, como ocurre en muchos casos, ¿con qué criterio seleccionará el repertorio?

6. Las iglesias no cuidan de sus vidas.

Este es un tema que toca a todos y cada uno de quienes sirven a los creyentes y a la misma congregación, pero hablemos específicamente de los grupos de alabanza.

Las iglesias somos corresponsables de la salud espiritual de los integrantes de los grupos de alabanza, simplemente porque son parte del cuerpo del Señor en el ámbito local. Nadie puede pensar que es problema del músico, cantante o director. Es problema de todos porque somos un cuerpo.

En ese sentido, debemos procurar la restauración de quienes han ejercido el ministerio aun sin ser dignos. Si implica disciplina, con disciplina, pero siempre procurando que el pecador restaure su comunión con Dios.

7. Saber todo lo anterior y hacer nada.

Lo importante no es tener un grupo de alabanza, sino que las vidas de sus miembros sean un motivo y un instrumento para alabar a Dios. Como resultado serán usados para dirigir a la congregación al lugar correcto, no al emocionalismo estéril y pasajero, sino a que los creyentes rindan sus vidas y sean adoradores de su Dios.

De lo contrario estaremos buscando la gloria que solamente pertenece al Rey y Señor de todos.

Finalmente, tener conocimiento de que todo lo anterior está ocurriendo en nuestras congregaciones y no hacer algo al respecto nos hace cómplices. Así que pongamos manos a la obra como dice la Escritura:

Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre. Piensa en ti mismo, no sea que también tú seas tentado. Gálatas 6:1 (RVC)

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Efraín Ocampo es consejero bíblico, escritor, ex periodista y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.

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