¿Te preguntas cómo votar en las próximas elecciones? 

Votar tiene sus riesgos y no votar también los tiene. Sin embargo, votar es asumir un compromiso, mientras que no votar es eludir el compromiso.

En esta publicación abordaré dos aspectos que debemos considerar los cristianos a la hora de votar. Uno es que, especialmente en estas elecciones, generalmente votamos por propuestas, por candidatos o por plataformas ideológicas. El otro aspecto es el relativo a la conciencia del votante cristiano.

Votar por propuestas, candidatos o ideologías

  • Propuestas. Son concretamente las soluciones que plantean a problemas, como la creciente pobreza, el desempleo, los bajos sueldos, que gente que gana poco pague muchos impuestos, la inseguridad, la deficiente burocracia, los desfalcos a las finanzas públicas por parte de servidores públicos, los millonarios presupuestos a partidos políticos, la ausencia de la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, los cambios o adiciones de leyes para mejorar industrias, inversiones nacionales y extranjeras, entre muchos otras.
  • Candidatos. No hay que ignorar que muchos votarán, más que por propuestas, por candidatos porque su preferido es simpático, porque es joven, porque es preparado, porque tiene experiencia, etcétera.
  • Ideologías. Algunos cristianos definen su voto por la plataforma ideológica que defiende su candidato. Para dar un ejemplo, históricamente, los de izquierda impulsan una agenda progresista en la que están incluidos temas como defensa de derechos de las minorías (excepto las religiosas) o el aborto, pero también promueven una agenda social de mayor justicia y equidad. Los de derecha, históricamente, representan más al sector económicamente más acomodado del país y una agenda más tradicional en cuanto a derechos. El dilema en este ocasión es que la derecha y la izquierda hicieron alianza (PAN y PRD por un lado, y Morena y PES por otro).

La libertad de conciencia al votar

Este tema elimina los dilemas a la hora de votar y plantea que el cristiano vote por la que considera la mejor opción en beneficio del país y para sus intereses (laborales, económicos, sociales, familiares, empresariales, etcétera).

Por ejemplo, podría coincidir con las propuestas de López Obrador a pesar de que represente a la izquierda, o podría simpatizar con la causa de Anaya aunque esté aliado con la izquierda, o podría ver en Meade un buen candidato no obstante sus lazos con un grupo de políticos envueltos en escándalos de corrupción de los más variados tipos.

Es un hecho, no encontraremos al mejor candidato en términos de que sea un hombre íntegro, con temor a Dios, justo y que garantice que no impulsará una agenda en contra de los valores que creemos y promovemos. No existe. Tampoco el partido que coincida con nuestros principios bíblicos. No existe. Por eso, debemos votar con libertad de conciencia y orando por sabiduría.

Votar: una decisión libre y responsable

Debemos comenzar por aceptar que vivimos en un mundo caído, del que hemos sido rescatados para obtener la ciudadanía del “reino de los cielos”.

Este mundo va en contra de Dios, cierto, no obstante, votemos por la opción que beneficie a nuestras familias y a nuestro país desde nuestra particular perspectiva y a partir de nuestra identidad en Cristo.

No podemos ignorar que también estaremos votando por ideologías y, en ese aspecto, los cristianos en México no tenemos un mejor candidato o un mejor partido. El PRI propuso legalizar el matrimonio homosexual y lo mismo harán el PRD y Morena, eso sin contar que probablemente promuevan reformas que liberalicen más la sexualidad y el aborto, o leyes que profundicen la desigualdad económica y las injusticias, como las que aprobadas en el sexenio de Calderón (PAN) con el fin de dar la libertad a las empresas de negar, ahora legalmente, las prestaciones que antes eran obligatorias para todos los empleados.

Si como cristianos oramos por un país más justo y equitativo, busquemos ver representado ese interés en nuestra elección. Debemos estar convencidos de que estaremos votando con temor de Dios, sí, pero nuestra responsabilidad no se termina en la urna, sino que ahí apenas comienza. El resto del sexenio debemos orar por nuestros gobernantes y cumplir con nuestras responsabilidades como ciudadanos.

1Por esto exhorto, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que llevemos una vida tranquila y reposada en toda piedad y dignidad. 1 Timoteo 2

13 Estén sujetos a toda institución humana por causa del Señor; ya sea al rey como quien ejerce soberanía, 14 o a los gobernantes como quienes han sido enviados por él para el castigo de los que hacen el mal y para la alabanza de los que hacen el bien. 15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagan callar la ignorancia de los hombres insensatos. 1 Pedro 2

La paz de un cristiano está en su Señor

Un gobernante o un gobierno puede ser usado por Dios en beneficio de las personas, pero no esperemos que acerquen el reino de los cielos a nuestro país. Eso es en buena medida la misión de la Iglesia del Señor. No pongamos nuestra esperanza en ellos, sino en Dios, que pone y quita a los que tienen autoridad.

Consideremos que él permite que haya malos y buenos gobernantes, y que eso ayuda también a probar la fe de quienes confiamos en él y a que su gloria brille en un mundo oscuro a través de su iglesia, que actúa decididamente según los valores del reino de su Señor.

Oremos, investiguemos, reflexionemos, votemos y volvamos a orar, poniendo nuestra esperanza y paz en quien está por encima de las autoridades de este mundo. Seamos testigos activos, no pasivos, de la historia de nuestro país, actuando según nuestras conciencias alineadas con la voluntad de Dios, cuidando no tener conciencias endurecidas por nuestro pecado.

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Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. Fue periodista y es autor de los libros de Restauración “40 días en el desierto“, “Amar como a mí mismo” y “La Iglesia Útil“.

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