Estas son algunas prácticas comunes en nuestras iglesias.

“Así siempre lo hemos hecho”, “no podemos perdonar a fulano por lo que nos hizo”, “si dejamos entrar a este indigente, los hermanos se sentirán incómodos”, “lo dijo el pastor-escritor-teólogo…”, “debes orar, leer la Biblia e ir al templo para tener comunión con Dios”, “somos la iglesia verdadera porque tenemos sana doctrina”, “ora para recibir a Jesús en tu corazón y ser salvo” y otras frases similares son repetidas en las iglesias, pero vamos a cuestionarlas e intentar comprender cómo es que nuestras prácticas muchas veces contradicen el evangelio que predicamos.

  1. “Así siempre lo hemos hecho”
    Es común ver prácticas “intocables” que operan más por tradición que por las enseñanzas bíblicas. Por mencionar un caso, las campañas de evangelismo generalmente están enfocadas más en el reclutamiento de asistentes a nuestras reuniones que en la conversión de un pecador a Dios. Una vez que las personas comienzan a reunirse con la iglesia y son bautizadas ya no son tan importantes para nosotros. ¿Quién les da discipulado personal? ¿Quién se ocupa de explicarles de forma precisa qué es el evangelio y cómo vivir reconciliado con Dios, imitando a Cristo en todo? Lo más parecido que se hace es inscribirlos a algunas clases (mal llamadas discipulado, pues no lo son). Muchas de nuestras tradiciones nos impiden cumplir nuestro verdadero propósito como iglesias, por eso cuando cuestionamos nuestras prácticas no es solo porque la tradición sea mala. No, hay muy buenas tradiciones, pero si no las cuestionamos nunca podremos distinguir aquellas que nos afirman y aquellas que nos estorban para ser la iglesia de Jesús. ¿Cuántas cosas similares hacemos porque “así siempre se han hecho”? (Romanos 12:2)
  2. “No podemos perdonar a fulano por lo que nos hizo”. Esta frase es una de las que más he escuchado en las iglesias. No importa si se trata de perdonar a un no creyente o a un creyente, el problema es que algunos cristianos creen que perdonar es opcional y que hay pecados que se pueden perdonar y otros que no. Por otro lado, esto demuestra que la restauración tanto del que ofendió a Dios o al prójimo como de aquel ofendido que no quiere perdonar es una de las prácticas bíblicas más ausentes en las iglesias. Es increíble que supuestos cristianos piensen que son más dignos que Dios al negarse a otorgar perdón, cuando el Señor mismo lo hace. (Mateo 6:14-15; Gálatas 6:1)
  3. “Si dejamos entrar a este indigente, los hermanos se sentirán incómodos”. He sido testigo de esta práctica que promueve la acepción de personas con el objetivo de evitar importunar a cristianos que sí tienen un hogar, un baño donde lavarse y prendas finas que vestir el domingo. Lo peor es que muchas veces no son indigentes, sino personas que no son de cierta clase social. He visto a creyentes alejarse de otros que no son de su total agrado. Mientras predicamos que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo para que el que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna, nosotros no amamos a ese mundo perdido por ser diferente a nosotros. (Santiago 2:1-9)
  4. “Lo dijo el pastor-escritor-teólogo…”. Por supuesto que es muy bueno leer a autores que han profundizado en el estudio de la Palabra para aprender de ellos, pero debemos evitar elevar el argumento de una persona a una verdad incuestionable, práctica cada vez más común entre evangélicos. Creemos en ocasiones que escucharlos o leerlos nos ahorra el duro trabajo de estudiar y meditar la Escritura por nosotros mismos. No neguemos la esencia del evangelio al repetir lo que alguien dijo. La salvación es personal, más vale que no vivamos de la espiritualidad de otros (Juan 8:31-32).
  5. “Debes orar, leer la Biblia e ir al templo para tener comunión con Dios”. Aunque leemos en los evangelios una y otra vez que los fariseos, saduceos y escribas hacían estas cosas mientras continuaban desobedeciendo los mandamientos de Dios, seguimos enseñando que estas actividades espirituales por sí solas nos dan comunión con el Señor, sin importar si somos desobedientes a los mandamientos. Sí, leer la Biblia ayuda a comprender la voluntad de Dios, pero aun así podemos elegir no hacerla. Ser uno con Cristo es arrepentirnos de nuestro pecado para amar sus mandamientos e imitarle en todo, haciendo la voluntad de Dios antes que la nuestra. (Juan 14:21)
  6. “Somos la iglesia verdadera porque tenemos sana doctrina”. Hoy día todo mundo dice tener la sana doctrina. ¡Claro! Todos queremos que sea la verdad de Dios la que determine lo que creemos, y no nosotros, las tradiciones o la jerarquía. Sin embargo, ¿de qué serviría tener la mejor doctrina si no se encarna en nuestras vidas como obras justas de integridad, amor al prójimo y cuidado de nuestros hermanos en la fe. Fe es creer y hacer (Santiago 2:14-17). Que un grupo piense ser el único en lo correcto, el único que ama a Dios y el único que puede ser usado por él es lo más anticristiano que existe (Marcos 9:38-40). He conocido personas con buena doctrina pero estériles y personas con doctrinas imprecisas pero con mucho fruto porque el problema está principalmente en el corazón.
  7. “Ora para recibir a Jesús en tu corazón y ser salvo”. Esta es una de las prácticas menos bíblica y más difundida entre las iglesias. Mucho debe decirse al respecto, mas lo importante se resume en que la salvación se recibe por fe (creer y hacer), no por una afirmación verbal que se hace una sola vez en la vida ni por repetir palabras. Hay que tener cuidado porque podríamos reducir la fe a una creencia superficial, muchas veces supersticiosa. El ladrón en la cruz no pronunció unas palabras mágicas. Jesús pudo ver lo que nadie más podía: su fe valiente aun casi en su último aliento. No de balde que el que persevere hasta el fin será salvo. La fe que salva persevera y, si no persevera, no es fe. Dios nos ayuda a perseverar, nos sostiene, pero nos da la responsabilidad de mantenernos firmes voluntariamente, si es que en verdad creímos (Romanos 2:6-8; 8:1, 9; Mateo 10:22; Apocalipsis 2:7, 11, 17, 26-28; 3:5, 12, 21). Creer va más allá de decir “creo”, es poner en acción la convicción.
Encuentra más sobre estos temas en el libro “La Iglesia Útil“. Conoce otros libros sobre Restauración Personal “40 días en el desierto” y Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo“.
Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También escribió el éxito de librería “La Iglesia Útil”.

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