Nacer de nuevo es condición para ser salvo. Te ayudamos a examinarte.

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En nuestro trabajo dando Consejería Bíblica, restaurando vidas para abandonar los pecados y hacer la voluntad de Dios, nos hemos encontrado con una realidad sorprendente: muchos que se dicen cristianos no han nacido de nuevo.

Muchos dicen que creen en Cristo, en su muerte y resurrección, incluso varios aseguran tener décadas de ir a un templo cristiano, orar, leer la Biblia, participar en actividades en su congregación y servir en un ministerio, pero muchos piden ayuda debido a que ya están hartos de caer ante la tentación y practicar ciertos pecados. ¡Ya no quieren ni pueden vivir así!

La Biblia enseña que una vez que hemos recibido el conocimiento de la verdad ya no debemos pecar voluntariamente, dicho de otro modo, sabiendo que esas acciones ofenden a Dios y al prójimo.

26 Si con toda intención pecamos después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados 27 sino una terrible expectativa del juicio y del fuego ardiente que devorará a los enemigos de Dios. Hebreos 10 (RVC)

El autor de Hebreos asegura que esto nos constituye en enemigos de Dios. No se refiere a cometer algún pecado, sino a la práctica intencional, deliberada y consistente de uno o varios pecados. ¿Cómo lo sabemos? Mira lo que dice Juan en su primera epístola:

Y ustedes saben que él apareció para quitar nuestros pecados, y en él no hay pecado. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no lo ha visto, ni lo ha conocido. Hijitos, que nadie los engañe, el que hace justicia es justo, así como él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. 10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, ni ama a su hermano, tampoco es de Dios. 1 Juan (RVC)

Juan nos explica que las razones por las que practicamos pecado son:

  • Porque no han sido quitados nuestros pecados.
  • Porque no permanecemos en Cristo.
  • Porque no le conocemos.
  • Porque somos del diablo aún, no del Señor.
  • Porque no hemos nacido de Dios.
  • Porque no obramos con justicia.

Todo está íntimamente entrelazado. Dios nos encuentra llenos de pecado y, para poder nacer del Espíritu, es necesario arrepentirnos. Esto no es sentirnos mal por pecar, sino abandonar nuestra maldad. Claro, ¡Dios no tiene comunión con las tinieblas! Entonces, nuestra falta de arrepentimiento nos mantiene esclavizados a nuestra naturaleza carnal que ama el pecado.

Si no somos de Dios, entonces seguimos siendo del diablo. Nacer de nuevo mediante el arrepentimiento de nuestros pecados no es obra humana (Juan 3:5; 15:16), puesto que “no hay justo, ni aun uno”, por lo que nadie puede decir que por sus méritos ha buscado a Dios, ha conocido su verdad y se ha dado cuenta de que ha pecado para, entonces, abandonar esa vida. Como viste en la Escritura, quien no nace de nuevo no puede ser salvo.

El bautismo manifiesta el hecho espiritual del nuevo nacimiento. Efectivamente, el creyente debió morir al pecado para vivir a una vida nueva en Cristo (Romano 6, léelo TODO). ¡Eso es nacer de nuevo! O somos esclavos del pecado o libres para servir al Señor, obrando con justicia (v. 16-19). Escuchamos muy seguido aquello de que la iglesia no es un lugar lleno de santos, sino un hospital de pecadores. A la luz de las Escrituras es falso, mas lo decimos para justificar la práctica de nuestro pecado. Nacer de nuevo significa que hemos sido libertados del pecado para ser siervos de Dios. La libertad en Cristo no es un estado espiritual que obtengo por haber orado recibir a Jesús en el corazón, es perseverar en aborrecer nuestro pecado (como Dios lo aborrece) para amar al Señor. Antes pecábamos, mas como libres, ahora hacemos lo que Dios quiere, y entonces crecemos en santidad para vivir según su voluntad (v. 22).

Así que la obra redentora del Señor nos libra de las consecuencias eternas y temporales del pecado, para ya no ser condenados, pero también para ya no estar sometidos al poder del pecado, y así ya no practicar las obras del mal. Examínate a la luz de la verdad para saber cuáles son tus obras y tus frutos.

fruto

Comenta abajo o escribe a contacto@restauraministerios.org. Más sobre el pecado en la iglesia podrás encontrarlo en el libro La iglesia útil.

Efraín Ocampo es consejero bíblico, escritor, ex periodista y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo.

Comments

3 Comments

  1. Obed Arango

    El problema de interpretar la Biblia de manera literal y sin profundidad ética es que todo se reduce a un individualismo que en sí es más pecaminoso. Veo la lista de “pecados” que se ponen en este blog, sí ya sé que es transcripción literal de Galatas… pero prácticamente insignificante ante lo que es el mayor mal de nuestro tiempo: el individualismo insaciable. ¿Dónde queda el consumismo, la explotación, la contaminación del medio ambiente, la acumulación despiadada de riqueza,la hechura de megatemplos ostentosos, el egoísmo de decir “soy salvo”, incluso la arrogancia de decir “nací de nuevo” soy puro los demás impuros? Todo eso es pecado también. Y la lista puede seguir. Participes de los “pecados” sistemáticos, estos pasan desapercibidos, antes una mirada corta de entender el significado del evangelio como voz profética de una nueva humanidad más allá de dogmas y listas.  

    1. Felipe Hurtado

      Todo lo que describes tiene relación con la avaricia y el orgullo, o mejor dicho soberbia.
      No hay ningún problema en decir “Soy salvo”, o “He nacido de nuevo” dentro de un contexto de respeto con los que escuchan.
      Pongamos un ejemplo, un niño tiene una pelota, no tiene nada de malo que diga que tiene una pelota, sin embargo si ese niño se pone a jugar con la pelota frente a otro niño diciendo “tengo una pelota y tú no” entonces sí es malo.
      Si, en cambio, le decimos al otro niño “tengo una pelota ¿quieres jugar conmigo?” o de cualquier otra forma que invite a compartir no tiene nada de malo, sino todo lo contrario.

      Si yo salgo a las calles y me pongo a gritar “ARREPIÉNTANSE” y empiezo a hablar acerca de como yo soy salvo y los demás no, y acuso a todos de pecadores claramente estoy mal (y quizás ni siquiera sea salvo)
      Pero si salvo a las calles y doy mi testimonio acerca de como Dios me hizo salvo e invito a otros a acercarse y conocer más de Dios entonces está todo bien.
      No debemos enfocarnos en decir “soy salvo” como si eso nos hiciera superiores al resto, al contrario, ni siquiera somos salvos por nosotros mismos, sino que por Cristo que murió por nosotros.

      Todo lo demás es fruto de la avaricia, del amor al dinero, del egoísmo, pero ante eso no hay nada que podamos hacer.
      No hablo de quedarnos de brazos cruzados, pero no podemos cambiar al resto, solo tratar de ser el mejor ejemplo posible y tener Fe que cuando Cristo vuelva, Él pondrá todo en orden y esta vez para siempre 😀

    2. Efraín Ocampo

      Gracias por escribir y dar tu opinión. No estamos de acuerdo contigo, Obed, parece una visión humanista del evangelio la que describes. El evangelio es un dogma, tal como la opinión que compartes es un dogma para ti. La vida consiste en elegir cuál dogma creer y seguir, pero no es posible pensar que se está libre de elegir uno. Decir que el evangelio está más allá de dogmas es un dogma, por ejemplo. Si rehuyes al concepto de “verdad absoluta”, aunque creas que no la hay, finalmente defiendes tu pensamiento como si fuera la verdad absoluta y la que crees como si lo fuera. Todos lo hacemos. La humanidad es llamada a renunciar a su mentira para acudir a la verdad de Dios, es la que yo elijo creer y seguir. Saludos.

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