Leer la Biblia nos lleva a hacer cambios en nuestras vidas. ¡Mira cómo!

 En las dos entregas anteriores compartimos una serie de principios intelectuales y devocionales para leer la Biblia. Terminaremos esta primera serie con una lista de principios prácticos para ver cambios claros en nuestras vidas. Muchas veces nos preguntamos cómo la Biblia nos enseña a realizar esos cambios. Aquí compartimos algunos de los principios fundamentales, aunque sin duda hay más. Esperamos que nuestros lectores se animen a buscar más principios prácticos por sí mismos, sin olvidar que esos principios están sustentados en los dos grupos anteriores (intelectuales y devocionales).

Los principios intelectuales son principios entre el Lector y el Libro, ¿cómo abordarlo y sacar provecho? Los principios devocionales son principios entre el Lector y el Autor, ¿Cómo conocer al Autor a través de Su Libro? Los principios prácticos son principios entre el Lector y su Medio (incluyéndose a sí mismo y a otros).  Proporcionamos unos diagramas sencillos para ilustrar el conjunto de estos principios.

 

Principio 1. Usa el conocimiento que ya tienes. (Efesios 6:17b; 1 Pedro 1:13)

Aunque queremos una lectura de calidad, no queremos sentarnos a estudiar el plan de ataque justo en el campo de batalla frente al enemigo, debemos estar listos para usar lo que ya sabemos en el momento preciso.

Principio 2. Medita en lo que ya sabes de la Biblia.(Josué 1:8; Salmo 1:1-2; Isaías 26:3)

Esta es una orden constante, la información que obtenemos de la Biblia debe ser constantemente procesada y recordada hasta que guíe nuestros pensamientos, deseos y acciones.

Principio 3. Prefiere las cosas de Dios y de su verdad.(Colosenses 3:1-4)

En esta vida hay muchas cosas buenas y también muchas engañosas y destructivas. Sólo cuando la prioridad en nuestros corazones sea la verdad de Dios podremos estar satisfechos y agradecidos, sin perder el enfoque.

Principio 4. Avanza e intenta de nuevo. (Filipenses 2:12-13, 3:13; Romanos 8:13; Hebreos 12:1-3)

Sólo Cristo obedeció perfectamente la voluntad de Dios, pero eso no es un pretexto para que nosotros no obedezcamos ni sigamos luchando. Cada día nuevo es una nueva oportunidad.

Principio 5. Mira hacia la meta. (Filipenses 4:12-13; Romanos 8:18)

Recordemos que nuestras batallas diarias son parte de una batalla mayor que Cristo ganó por nosotros, así que sabemos hacia dónde vamos.

Principio 6. Busca maneras prácticas de bendecir a otros con lo que sabes de Dios. (Juan 15:8)

La voluntad de Dios es que los discípulos seamos fructíferos, incluso esa es una prueba de un verdadero discípulo. Procuremos crecer de tal manera que seamos una bendición para otros en nuestra familia, amistades, en la iglesia y el mundo.

Principio 7. No seamos conformistas ni apáticos, busquemos el cambio donde se necesita. (Romanos 12:2)

Estamos llamados a una constante renovación de nuestro pensamiento que se refleje en la práctica de la voluntad de Dios en nuestras vidas. Aprendamos a filtrar nuestra visión del mundo y nuestra manera de vivir con la Biblia, no al revés. 

Principio 8. Entrena tu mente, quita de ti lo corrupto y ponte lo nuevo .(Efesios 4:17; Filipenses 4:8)

Debemos reconocer que existen remanentes de pecado, oscuridad y mentira en nosotros; debemos identificarnos y disponernos a cambiar. Nuestras mentes no deben ser ociosas ni vanas, debemos aprender a pensar correctamente y espiritualmente en nuestro diario caminar.

Principio 9. Haz el bien, hay muchas áreas en las que podemos empezar a practicar el bien y hacer una diferencia en este mundo. (Filipenses 2:15; Mateo 5:16; 1 Pedro 2:12) 

Cuando la Biblia nos enseña a brillar en el mundo, no se refiere a la emanación de fotones de nuestro cuerpo, sino a la práctica del bien en nuestra sociedad, nuestras amistades, nuestra familia, nuestra iglesia local, nuestro entorno natural,  etc. La persona malvada se recuesta en las noches y piensa en cómo dañar a otros (Salmo 36:4; Proverbios 4:16), pero la persona que está en comunión con Dios piensa en la próxima oportunidad para practicar el bien en este mundo (Romanos 12:9-21). 

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