Si crees en Cristo y luchas con la atracción al mismo sexo, esto es para ti.

Debes reconocer que son las filosofías de este mundo las que te han convencido de que tu preferencia sexual define tu identidad, pero eso no es cierto. Hoy día la ideología de género repite sin cesar que tu identidad está en tu preferencia sexual, y aunque luches con la homosexualidad, seas hombre o mujer, como cristiano tu identidad está en Cristo.

Ser hijo de Dios en la práctica

Los cristianos estuvimos esclavizados a pecados y algunos siguen luchando por tener libertad de ellos. Unos batallan con la mentira, la codicia o la ira, y algunos otros en contra de pecados sexuales, sea fornicación, adulterio u homosexualidad, por ejemplo. No creas que son peores unos pecados más que otros, la maldad es maldad y quienes la practican igualmente serán objeto de la justicia de Dios.

Los pecados sexuales lo son porque están fuera del diseño original dado por Dios para el uso de la sexualidad, como ejercerla fuera del Pacto Matrimonial ––se esté soltero o casado––, o pretendiendo ser de un sexo que no es el biológico.

Tus cromosomas dicen si eres hombre o mujer y si crees ser algo diferente a lo que te dice tu cuerpo, entonces tu entendimiento debe ser transformado. La percepción es distorsionada por causa del pecado, pero puedes ser renovado en arrepentimiento para ser lo que fuiste creado para ser.

Aquellos atraídos hacia personas de su mismo sexo sufren los efectos que la corrupción del pecado tiene en el ser humano de la misma manera que todos los demás que están esclavizados a otros pecados. La solución es la misma para todos. Nadie está llamado a ser heterosexual, sino a hacer a Cristo el Señor de nuestras vidas con las consecuencias que eso tenga.

Satisfacción, gozo y libertad

Cualquier pecador debe encontrar su total satisfacción y gozo en Cristo y precisamente, porque lo hace, desea arrepentirse de sus pecados. Ese deseo no lo hace aborrecer, de la noche a la mañana, los pecados que amaba al encontrar en ellos esa satisfacción total, pero habilita al pecador a ser sujeto del poder de Dios para que, por medio de la nueva naturaleza espiritual producida en su vida, no solo desee o aspire, sino que también pueda vivir según la naturaleza y carácter de Dios, en Cristo.

Si tú perseveras y creces en el conocimiento de Dios y su voluntad, también ora para que perseveres y crezcas en un comportamiento congruente con esa verdad que alimenta tu mente y toda tu vida.

Todos llegamos a Cristo estando esclavizados a nuestros pecados. ¡Por esa razón lo necesitamos, para tener libertad! Quien cree en Cristo llega a entender que nada en esta vida produce mayor satisfacción, gozo y libertad como la voluntad del Padre. Él nos da una nueva naturaleza, la espiritual, para hacer posible vivir en la verdad, ya no en nuestras mentiras que nos oprimen y angustian.

Renovar la mente

Hay que evitar a toda costa volver a las filosofías de antes en las que nunca teníamos suficiente de nosotros mismos y procurábamos “ser mejores”, “conocernos más” o “ser lo que pensamos ser”. Lo que realmente necesitamos es una mente que piense correctamente, según lo bueno, lo justo y verdadero.

No es suficiente con hacerlo una vez en la vida, necesitas mantenerte renovando tu mente, ¿con qué? con la Palabra de Verdad que te recuerde quién es Dios y quién eres tú. Debemos perseverar en la verdad para no ser engañados por la mentira. Una de esas grandes mentiras es que “Dios no te ama y no te acepta como eres”. La verdad es que el homosexual es quien no se acepta como es, como fue creado, pero Dios sí lo ama y acepta, y por esa razón quiere darle libertad de sus pecados.

Podrás renovar tu mente teniendo menos de ti y más de Dios. No estoy diciendo que no te ames, el problema es que te has amado demasiado: tú no eres tu sexualidad ni tu deseo ni la atracción. Eres mucho más que eso. Piénsalo: Cristo no murió por tu preferencia sexual, murió por ti. Renovar tu mente te ayudará a pensar con claridad para centrarte totalmente en Jesús, no totalmente en  ti.

Y por último, renovar la mente no solo se relaciona con cómo ver todo en adelante, también significa que cambia tu manera de mirarte, tu identidad. Entiéndelo bien: nadie se define por sus tentaciones. ¡Sé libre! Ser tentado no te convierte en tu tentación. Con Dios podrás vencerlas al recordar que eres Perdonado, Justificado, Renovado, Transformado, Hecho hijo de Dios.

No lo hagas en solitario

La iglesia local es clave en esto. Confía en cristianos maduros para que te ayuden a salir adelante. Tu secreto debe dejar de ser un secreto, pues si permanece así y lo intentas solo será muy complicado caminar hacia la libertad. Necesitas formar parte de tu iglesia local.

Ahora bien, todos necesitamos ser esa iglesia en la que, en lugar de destruir a alguien por practicar pecados diferentes al nuestro, ayudemos en su restauración y nos animemos unos a otros a caminar firmes hacia nuestra sanidad y salvación.

Debes saber esto, que aunque hay terapias y algunas pueden ayudarte, es tu fe en Cristo la que te impulsará, y es Dios quien utilizará tu debilidad para mostrar su poder y amor en ti. ¿No puedes? ¡Felicidades! ¡Bienvenido al club! Es necesario humillarnos para entender que Él sí puede.

En resumen

Si realmente crees en que Dios te amó tanto, a pesar de ser su enemigo ––como todos––, que aún así envió a Jesús a morir por tus pecados para que pudieras reconciliarte con él, entonces ¿cómo podrías seguir en los mismos pecados por los que murió para salvarte a ti y a mi de su ira?

El gozo real no proviene de identificarte con el pecado, sino con quien nos ha rescatado de la esclavitud al pecado: Jesucristo. No le debemos nada al pecado como para seguir practicándolo, pero le debemos todo al Señor. ¡Hazlo tu Señor!

  • Vive según tu identidad en Cristo.
  • Halla tu satisfacción total y gozo en Cristo, él es el camino hacia tu libertad de la esclavitud del pecado.
  • Renueva tu mente buscando más de Dios para que vivas como su hijo.
  • Apóyate en la iglesia de Jesucristo, nadie puede solo.
  • Sé esa iglesia que todos necesitamos para restauración, no para condenación

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