Todos dicen amar a Dios, pero ¿qué hace quien realmente lo ama?

Si tú le preguntas a alguien en la iglesia si ama a Dios, seguramente te va a decir que sí, si le preguntas a alguien en la calle si ama a Dios, probablemente te va a responder lo mismo, si no es ateo. Porque asumimos que si creemos en Dios automáticamente le amamos ¿cierto? ¿O puedes creer en Dios y no amarle?

Tenemos un problema de definiciones, porque en nuestra cultura tan orientada al romanticismo de Hollywood y al sexo, tendemos a definir el amor en términos de emociones, sensaciones en el estómago o buenas intenciones.

¿Cuál es la definición bíblica de amor?

Amor, en hebreo se dice “Ahav” y significa concretamente: “inclinarse para cuidar un regalo”. Es el amor incondicional, completo y perfecto que sólo se encuentra con Dios. Lo describe de manera sublime Pablo en 1 de Corintios 13:4-8:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser …”

Un día un abogado se acercó a Jesús y le hizo una pregunta y Él le respondió así:

“Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. Mateo 22:35-40 

¡Qué respuesta! Yo hubiera dicho el de “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, ese es bastante importante, o “no usarás el nombre de Dios en vano” ese refleja tu temor de Dios, pero no, el Maestro se fue al meollo del asunto, le preguntaron por el más importante y citó Deuteronomio 6.

¿Por qué? Bueno, creo que es simple, en la carta de Santiago, encontramos una declaración brutal: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10). Me preguntarás ¿Qué tiene que ver? Es simple, si rompes un mandamiento, el más chiquito, le estás diciendo a Dios que no te importa mucho lo que piense, en tu opinión prefieres tus deseos que su anhelo o voluntad.

En el Jardín del Edén (Génesis 3) Eva rompió los 10 mandamientos (Éxodo 20) con una mordida y te lo puedo probar. Primero levantó falso testimonio porque le añadió al mandamiento de Dios, El Creador sólo dijo que no comiera del fruto del árbol y ella le agregó “que ni lo tocaran”, escuchó a la serpiente y se inclinó a su voluntad porque prefirió su propuesta que la vida que Dios le ofrecía, acto seguido la hizo su nuevo dios, entonces cometió adulterio espiritual, por su culpa la muerte entró al mundo y cometió asesinato, codició, robó lo que no debía comer, deshonró al Padre que la creó, y uso su nombre en vano. Con una mordida le dijo a Dios que no lo amaba, porque no estaba dispuesta seguir sus instrucciones.

La pregunta del experto en la ley era cuál es el mayor mandamiento y la respuesta fue “amarás al Señor tu Dios”. Para comprender lo que Jesús definió como el mayor mandamiento y el amor revisemos algunas de sus declaraciones:

Juan 14:15  “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Juan 14:21  “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Juan 14:23-23  Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.

Estos pasajes afirman que amar a Dios es literalmente guardar sus mandamientos. No salgas despavorido del blog, eso dice la Biblia. En nuestra cosmovisión y teología contemporánea tenemos temor siquiera de mencionar los mandamientos porque no queremos “caer de la gracia” (Gálatas 5:4) pero no he dicho, ni la Biblia dice jamás, que obedecemos los mandamientos para ser salvos o justificarnos a nosotros mismos, lo hacemos según las mismas palabras de Jesús, porque lo amamos.

Juan 15:10  “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.

1 Juan 2:4  “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”.

Deuteronomio 6:5-6 “Y amarás al SEÑOR tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder.  Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón”.

Deuteronomio 11:1 “Amarás, pues, al SEÑOR tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los días”.

Considerando estos versículos, el amor a Dios, es más que un sentimiento y más que un acto religioso o de bondad, el mundo está lleno de buenos sentimientos, buenas palabras y buenas obras y sin embargo no tienen nada que ver con Dios.

AMOR A DIOS = OBEDIENCIA

Jesús define el amor, como obediencia a sus mandamientos, a toda su Palabra. Si nosotros obedecemos su Palabra entonces mostramos nuestro amor por él.

Cuando nosotros desobedecemos o ignoramos sus mandamientos, mostramos que no le amamos, aunque lo digamos en voz alta en nuestras oraciones en público o en privado, es nuestra obediencia la que muestra nuestro amor por él, no nuestras expresiones amorosas, buenas intenciones o buenas obras. Jesús por eso dijo: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).

Si amar a Dios es obedecer sus instrucciones, entonces lo opuesto a amarlo es desobedecerlo o cometer pecado:

1 Juan 3:4  “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”.

Sin la ley de Dios no tendríamos ningún conocimiento de la venida del Mesías, su muerte o su redención, y ciertamente ninguna apreciación de su amor, gracia y perdón, sin el conocimiento del pecado cómo podríamos saber que necesitamos un Salvador (Romanos 2 y 3).

La ley nos explica nuestra terrible condición apartados de Dios y el horrible destino que nos espera sin Dios (Romanos 3), y nuestra desesperada necesidad de redención. Por otro lado, Dios define su carácter y su corazón a través de su ley.

Juan 1:14  “Y aquella Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros; (y vimos su gloria,) gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad“.

La ley es Jesús, la Palabra hecha carne: PERFECTA (Salmos 19:7) – LIBERTAD (Salmo 119:45) – CAMINO (Éxodo 18:29) – VERDAD (Salmo 119:142) –VIDA (Proverbios 6:23) –LUZ (Salmo 27:1; Juan 1:1-14; Juan 14:5-7; 1 Juan 1:7).

La ley es la instrucción de Dios sobre cómo amarle, cómo amar a otros y cómo no amarse a uno mismo. Te animo a que lo investigues por ti mismo: Éxodo 20:6; Deuteronomio, 5:10; 6:5; 7:10; 11:13; Levítico 19:18, Nehemías 1:5; Daniel 9:4; Mateo 10:39; 16:25; 22:35-37; Juan 14:15; 14:21; Romanos 13:9; 1 Juan 5:2-3; 2 Juan 1:6.

“Huevos rancheros perfectos”

A mi esposo le gusta su desayuno de cierta manera, le gustan los “huevos rancheros perfectos”, (los mexicanos entienden de qué estoy hablando) y prepararlos es todo un ritual, primero tengo que freír ligeramente una tortilla de maíz, después hay que separar la yema de dos huevos, luego es necesario con la lumbre a medio fuego cocinar la clara hasta que este cocida pero sin dorarse, a continuación se depositan cuidadosamente las dos yemas (es muy importante que no se revienten, así que hay que hacerlo con cuidado), se tapa la sartén y se observa cuando la yema y la clara estén pegadas, la yema tiene que quedar tierna, se sazona con sal. Finalmente se coloca en el plato sobre la tortilla y se baña con salsa roja de chipotle bien caliente.

Yo por el contrario soy del estilo práctico, yo abro mis dos huevos sobre la sartén muy caliente, y ya que se coció y doró la clara por debajo, volteo mis huevos para que se cuezan por ambos lados, este procedimiento no debe tomarme más de dos minutos.

Como habrás observado, mi temperamento rechaza la idea de hacer huevos que me tomen 15 minutos en su preparación, o absoluta concentración para evitar que los huevos se revienten o se sobrecocinen, pero amo a mi esposo y me encanta verlo disfrutar sus huevos cuando llega a la mesa y dice: “¡huevos perfectos, gracias!”, yo sólo me siento con mi taza de café, y disfruto la siguiente parte del ritual, que es ver como revienta sus yemas y se come su delicioso desayuno.

¿Por qué con Dios no queremos actuar así? Si crees en el Dios de la Biblia, él ya te demostró que te ama, y ¡de qué manera! Te ama sacrificialmente, hizo todo lo necesario para recuperarte y prefirió morir a vivir sin ti, su último aliento en la cruz fue su llamado para ti, “vuelve a mí y te daré vida nueva”, “te recibo en mi familia, te doy mi herencia (Efesios 2), y te dejo mi carta de amor de 2,700 páginas”. Por nuestra parte es muy simple, el lenguaje de amor de Dios es la obediencia, lo dijo en el Sinaí (Deuteronomio 6 y 10), y lo dijo el Mesías al experto en la ley (Mateo 22). Dios no ha cambiado y espera lo mismo de los que decimos ser sus discípulos, que lo amemos, con tal pasión y locura que estamos dispuestos a conocer sus instrucciones para seguirlas paso a paso, porque así él se siente amado.

CONCLUSIÓN:

El amor a Dios se nota por la obediencia, el que en realidad tiene amor a Dios, se siente compelido a obedecerle. Si alguien dice tener amor a Dios y no lo obedece, en realidad no lo ama, sólo tiene sentimientos, pero esos al igual que en la relación matrimonial vienen y van, el amor verdadero se nota, produce fruto (Gálatas 5, Juan 15), con o sin sentimientos, quizás es tiempo de restaurar tu relación con Dios, e inclinarte a cuidar su regalo preciado, su amor y su salvación por ti.

¿Amas a Dios, o sólo dices que lo amas?

Catalina Gómez es esposa del pastor Hiram Ramírez, tienen 3 hijos adolescentes que educan en casa, viven en Puebla, Méx. Desde hace 20 años ella y su esposo sirven en la Iglesia Bíblica El Camino, es diseñadora gráfica de profesión, lingüista por hobby, maestra por vocación, apasionada estudiante de la Escritura y los idiomas bíblicos, canta desde los 9 años y está convencida de que la Biblia contiene respuesta a todas las preguntas de la vida. Es coautora del Blog Hijos de Abraham, un espacio de provocativa reflexión bíblica.

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