Apariencias. Ese es uno de los conceptos que mejor definen a nuestra generación. No, más bien, a nuestra época. Mientras que unos aparentan estar mejor que nunca, otros aparentan que no les es posible caer más bajo. Pero todos aparentamos algo.

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La Biblia nos dice que todos necesitamos ayuda, por muy bien o mal que creamos estar.

El éxito, los logros, las conquistas, los incrementos salariales, las automóviles nuevos, los viajes, las compras, las cuentas bancarias, los lugares que habitamos, los dispositivos electrónicos que usamos, y muchas cosas más, no nos definen. Sería muy angustioso que esto fuera así, porque al perder algo de ello estaríamos extraviando también nuestra identidad.

No obstante, las reglas de este mundo nos enseñan que somos lo que tenemos. No es así.

También están quienes sufren como modo de vida, los que creen que no valen, los que se sacrifican por los demás por considerar que no merecen nada, los que ven las oportunidades pasar y ninguna se queda con ellos, los que se la pasan deseando y no obtienen, los que envidian y no alcanzan. Su sufrimiento es en vano al actuar como víctimas y convertirse en una. Aparentan, pues en el fondo de su corazón desean que fuera distinto.

“Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”, Eclesiastés 1:14 (RVR1960)

La Biblia nos dice que, en ambos casos, hay desesperanza. Si todo lo que hacemos es en vano, ¿qué se puede hacer para tener esperanza? Hay que vivir poniendo nuestra esperanza en lo eterno, en lo que no se acaba. Para buscar lo eterno, hace falta buscar a Dios.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”, Eclesiastés 3:11-15 (RVR1960)

Dios nos invita a alegrarnos en un presente que sólo es posible con él, y así ver el futuro con esperanza. Él es el único capaz de “restaurar lo que pasó”, no importa lo que haya sido.

Ninguna persona puede hacer esto por ti, sólo Dios puede hacerlo para que seas lo que él ha diseñado desde la fundación del mundo. El consejero bíblico te puede ayudar a descubrirlo, pues en la Palabra de Dios está la verdad sobre ti, sobre mí, sobre la vida.

 

 

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