Esta historia nos hará preguntarnos: ¿cuáles son nuestros frutos?

“El Reverendo Pinckney y su congregación entendieron ese espíritu. Su fe cristiana los compelía a alcanzar no sólo a los miembros de su congregación, o a los miembros de sus propias comunidades, sino también a todos los que están en necesidad. Ellos abrieron sus puertas a extraños que debían entrar a una iglesia en busca de sanación y redención”.

El anterior, es un fragmento del discurso de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, sobre la iglesia de Charleston donde 9 de sus miembros fueron asesinados a tiros. En él se refirió a los fundadores de esa congregación, afroamericanos esclavos que anhelaban reunirse para vivir su fe pero les era prohibido por las leyes de los blancos. Obama recordó que lucharon por esa libertad pacíficamente y a eso se refería cuando decía que “entendieron ese espíritu”.

¡Qué privilegio es que un presidente se exprese así de una iglesia local! Como seguidores de Jesucristo nos hace reflexionar y cuestionar qué tipo de cristianismo ejercemos.

Esta época es la de la iglesia templocéntrica, una cuya vida que se desenvuelve dentro de sus cuatro paredes, y no precisamente porque carezca de actividades fuera del templo. El edificio es el que da sentido a este tipo de congregaciones.

Su evangelismo consiste en llevar gente al edificio, no a Cristo. Su adoración se circunscribe al edificio y fuera de él siguen idolatrando a su carne y lo que el mundo ofrece. Su comunión con Dios está condicionada al edificio y mientras sus miembros estén fuera de él no buscarán conocer los mandamientos, mucho menos obedecerlos.

Pero esta iglesia de afroamericanos de Charleston era conocida por su amor entre ellos y su prójimo dentro y fuera del templo, en su comunidad y más allá de ella. Su luz no se quedó guardada dentro de un edificio, hasta apagarse. Su luz brilló más allá del edificio, tal como Jesús enseñó para que no pusiéramos la luz debajo de un cajón, sino donde pudiera alumbrar a todos (Mateo 5:15; Lucas 11:33).

¿Qué clase de iglesia somos y cuáles son nuestros frutos? Una pregunta que demanda nuestra respuesta inmediata y permanentemente. Porque por nuestros frutos seremos conocidos (Mateo 7:20).

Puedes leer el discurso completo dando clic aquí (inglés).

Así que ponte a pensar en qué has fallado, y arrepiéntete, y vuelve a actuar como al principio. De lo contrario, vendré a ti y, si no te arrepientes, quitaré tu candelero de su lugar. Apocalipsis 2:5 (RVC)

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