¿Aún ofrecemos algo a quienes consideran al suicidio?



La oleada de pastores que se han quitado la vida ha visibilizado el problema debido a que medios de comunicación han publicado sus historias, aunque no son los únicos. Las iglesias cristianas están descubriendo que sus miembros también son vulnerables a los pensamientos suicidas.

Muchos de ellos no están pidiendo ayuda, pero en el caso de los que sí lo hacen cabe la pregunta: ¿las iglesias los estamos acompañando? ¿Cómo?

Mueren más por suicidio que por enfermedades u homicidios

Lo cierto es que según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada 40 segundos alguien se quita la vida. Son 800 mil muertes anualmente, más que los decesos por malaria, homicidios, guerras o por cáncer.

Mueren casi el doble más hombres que mujeres por esta causa (7.5 mujeres por cada 100 mil y 13.7 hombres por cada 100 mil) y en países de altos ingresos asciende al triple.

Es la segunda causa de muerte entre los jóvenes entre los 15 y los 29 años. Muchos de ellos ocurren debido a la impulsividad en un momento de crisis debido a que no se supo lidiar con problemas conectados con dinero, relaciones y enfermedades, especialmente si hay violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento.

Pastores que cometen suicidio

La información del día para la prevención del suicidio enmarcó la triste noticia del suicidio del pastor de 30 años Jarrid Wilson. Su caso se suma a un creciente número de pastores que han puesto fin a sus vidas. Wilson, quien lidiaba con la depresión, solía decir que amar a Jesús no curaba la depresión a pesar de que, en realidad, es una condición curable en el que la iglesia sí puede ejercer una labor sanadora.

No me malinterpretes, no es mi intención culparlo a él ni a ningún otro, el punto es que tenemos confianza en que algo se puede hacer. De acuerdo con la OMS, algunas estrategias para contrarrestar distintos tipos de depresión son el pensamiento positivo, las terapias sicológicas individuales y de grupo, así como el consumo bajo supervisión especializada de fármacos conocidos como antidepresivos, tales como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los antidepresivos tricíclicos.

Hay varios factores que contribuyen a que el suicidio ocurra tales como lidiar en soledad con los pensamientos suicidas, el estrés y las presiones sociales. Por eso, es grave que existan diversos testimonios de pastores que enfrentan solos la depresión provocada por no cumplir con expectativas tales como crecer la membresía de su iglesia o mejorar la salud espiritual y emocional de las personas que sirven. ¿Cuántos pedirán ayuda y cuántos la reciben? ¿Cuántos lidian con esto solitariamente?

Reflexionando en nuestra realidad

Tan solo en Estados Unidos una cuarta parte de los pastores dijo haber padecido algún tipo de enfermedad mental y 12 por ciento fue diagnosticado con una, mientras que 59 por ciento dijo haber aconsejado a alguien que más tarde recibió un diagnóstico de enfermedad mental.

Por dirigir Restaura Ministerios he tenido contacto con una gran cantidad de pastores y en mis conversaciones con ellos o cuando están reunidos con otros emerge el tema de sus frustraciones, su estrés, su percepción de estar solos, que nadie los discipula/cuida/pastorea/aconseja y otros similares.

Desgraciadamente son más comunes los casos de pastores y miembros de una comunidad de fe que en apariencia se encontraban bien pero que un día se derrumbaron emocionalmente, que atentaron contra sus vidas o que abandonaron a su esposa o a su familia. No significa que “pasó de pronto” sino que ni su familia ni la iglesia pudieron ver las señales.

Es de esperarse que para algunos parezca reduccionista que afirme que discipular a un creyente, incluidos los pastores, impactará positiva y significativamente en su salud mental, pero te explicaré por qué es posible.

Al ser nosotros un ministerio paraeclesiástico cientos de personas, matrimonios y familias nos han buscado por consejería. En otras palabras, lo hacen porque no somos de sus iglesias. Por ser unos extraños se sienten con mayor confianza y apertura para tratar sus problemas. En todos los casos han confesado no querer acudir a sus pastores o iglesias debido a que lejos de recibir la ayuda que necesitan (restauración) serán condenados, señalados, aislados, despreciados, ignorados en el mejor de los casos.

Cierto, algunos quieren ocultar las cosas malas que hacen, pero es verdad que muchas veces las iglesias no estamos ayudándoles. Aun en contra de su propia naturaleza y razón de existir, la iglesia colabora ––aunque sea indirectamente–– en la destrucción de las personas en lugar de su restauración. El discipulado juega un papel importantísimo en hacer de la iglesia una comunidad que sana.

El discipulado como antídoto contra el suicidio

Para empezar debemos acudir a la Biblia para definir lo que es el discipulado y en ello el apóstol Pablo nos ayuda mucho:

Discipular es lo que los santos hacen los unos a los otros:

  • se aman (Juan 13:34, 15:12)
  • se sirven (Gálatas 5:13)
  • funcionan como miembros de un cuerpo unidos entre sí (Romanos 12:5)
  • se tratan unos a otros como quieren ser tratados (Lucas 6:31)
  • sobrellevan sus cargas (Gálatas 6:2)
  • se animan y se edifican
  • procuran la paz (1 Tesalonicenses 5:11 y 13)
  • se toleran / se dan soporte y se perdonan (Colosenses 3:13)
  • se respetan y honran (Romanos 12:10)
  • se someten entre sí teniendo como base el temor de Dios (Efesios 5:21)
  • oran unos por otros y se confiesan sus pecados (Santiago 5:16)
  • se enseñan y exhortan (Colosenses 3:16)
  • se amonestan / corrigen (Romanos 15:14)
  • se hospedan y ofrecen sus dones para servirse mutuamente (1 Pedro 4:9-11)

La anterior lista es una pequeña muestra de los comportamientos que tienen entre sí los miembros de la iglesia de Jesucristo. Siendo honestos, ¿cuáles de estas acciones llevamos a cabo en nuestra iglesia local? No es la realidad de muchas de ellas. De entrada, se vive en ellas un cristianismo solitario al no haber relaciones profundas y sinceras.

De acuerdo con la OMS, el suicidio se puede prevenir y uno de los factores que lo incentivan es que la persona que tiene pensamientos suicidas los afronte en soledad. Como la depresión es un disparador del suicidio debe ser tratada en conjunto con la familia, especialistas y en la comunidad espiritual. La iglesia local cuyos miembros se discipulan entre sí como Cristo lo hizo ––mira de nuevo la lista–– tiene un papel activo en la prevención del suicidio y en el tratamiento de la depresión.

De manera que amar a Jesús desencadena una serie de comportamientos que hacen de la iglesia una comunidad sanadora que, en conjunto con la atención especializada tiene efectos contundentes, y más que eso, contamos con el poder sobrenatural de Dios que libera, sana y restaura. No tenemos por qué sentirnos impotentes, solo tenemos que esforzarnos en ser esa iglesia para estimularnos a la fe que nos hace ser objetos del poder de Dios.

La OMS dice que la depresión puede ser tratada y que el suicidio se puede prevenir. Como iglesias, en la medida en la que tenemos esperanza y vivimos por ella podremos dar esperanza a un mundo amenazado por las enfermedades mentales.

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Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona e iglesia a reconciliarse con Dios y con su prójimo. También es autor del éxito de librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.

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