Aprende a perdonar con una sencilla historia.

No soy especialista en estadística, pero estimo que el 90% de los problemas interpersonales se relacionan con la amargura. A todos nos han herido, traicionado, engañado, difamado, ofendido, maltratado… y puedo seguir con la lista, porque si vives, trabajas o convives con humanos, tarde o temprano vas a salir raspado.

El proceso de restauración del alma empieza con el perdón. No es opcional. Si te amas (y sé que lo haces porque te bañas y peinas, cuando tienes hambre comes, y cuando estás enfermo vas al doctor), entonces no tienes opción, tienes que perdonar. El problema es que la mayoría de las personas no saben cómo se hace.

Jesús, nuestro Salvador, enseñó a sus discípulos que para que Dios perdonara sus pecados, ellos debían aprender a perdonar a otros, esto no es hacer obras para alcanzar salvación, es simplemente el resultado de la salvación. Quien no perdona, no ha conocido a Dios.

Mateo 6:14-15  “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

Pedro un día le preguntó al Señor cuántas veces era lo correcto perdonar a otro, viéndose muy “justo” dijo “¿Hasta siete?” Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. Mat 18:22

Empecemos por lo que no es el perdón:

  • Perdonar no significa olvidar la ofensa. Sería maravilloso que fuera tan sencillo borrar de nuestras memorias el pasado. Pero la verdad es que después de perdonar, se requiere tiempo para que los recuerdos se desvanezcan o dejen de doler.
  • Tampoco significa permitir que nos sigan manipulando u ofendiendo. El mismo Jesús dijo que si el otro no se arrepentía de su pecado necesitábamos llamarlo a cuentas, perdonar a alguien y reconciliarse son cosas diferentes, no tienes que tolerar que pequen o abusen de ti, pero no debes guardar rencor. (Mateo 18:15-22). Para que haya reconciliación se requiere de ambas partes, pero para perdonar sólo se requiere la decisión del más prudente.

¿Qué es el perdón?

En la parábola del rey que quiso ponerse a cuentas con sus siervos, nuestro Maestro nos explica perfectamente el proceso del perdón. Te invito a que leas el pasaje completo. (Mateo 18)

Para entender esta parábola es importante definir a los personajes, primero: ¿Quién es el Rey? La respuesta obvia es ‘Dios’.  ¿Quién es el primer deudor, el que debía mucho? La respuesta debe ser ‘YO’.  El segundo deudor, es nuestro prójimo, cualquier persona cercana a nosotros que nos ofende, lastima, traiciona o debe algo.

Ahora hagamos cuentas, ¿Cuánto debía el primer deudor? Dice el texto que le debía al Rey, 10,000 talentos, un talento equivalía a casi 34 kg de plata, esto es 34,000 kg de plata, o 34 vagones de tren llenos de plata. Esto es una deuda impagable, no hay forma de pagar ni en 100 vidas esta deuda inmensa, estaba destinado a convertirse él y toda su familia en esclavos para siempre.  El segundo deudor le debía a su consiervo 100 denarios, un denario era el salario de un día.  Este hombre le debía al otro 100 días de trabajo, aunque quizás era mucho, era una deuda pagable.

El Rey le perdona la deuda al siervo, ¿Qué significa esto? Que el Rey asumió la pérdida de la deuda de este siervo porque tuvo compasión, no había cómo le pudiera pagar, y esto implicó para el Rey quedarse sin una fortuna, perdonar conlleva sacrificio, que alguien sea perdonado no supone que no haya quebranto.  El perdón es doloroso, si queremos hasta injusto, porque aunque en la ecuación uno sale beneficiado, otro tiene que asumir el daño.

Si yo tengo un jarrón chino de la dinastía Ming en mi casa, que vale una fortuna, y uno de mis hijos jugando lo rompe, puedo perdonar a mi hijo, pero nunca más recuperaré el valor del objeto perdido. Cuando el Padre Eterno envió a su Hijo a tomar nuestro lugar en la cruz, lo que hizo fue cubrir nuestra falta, la sangre de Jesús, oculta la falta, de la misma manera como la piel del cordero, cubrió la desnudez del  pecado de Adán y Eva (Gn. 3), Que su perdón haya sido un regalo para nosotros, no significa que no haya implicado una gran pérdida para Él, un gran sacrificio, y uno muy doloroso.  Nuestra deuda era impagable, no había forma de cubrirla por nuestros medios.

Esto es lo que significa perdonar, a veces tenemos la idea de que perdonar es olvidar, y yo no me he encontrado el botón de borrar, perdonar tampoco es dejar de sentir, quizás llegue un punto en el que ya no sentimos dolor, pero no implica que debemos dejar de sentir, y el concepto de que “el tiempo lo cura todo”, es una mentira, conozco personas amargadas de 85 años, sufriendo por las heridas de su infancia, así que el tiempo no cura nada, por lo general lo empeora. Cuando Dios envió a Jesús a morir en la cruz, él tomó nuestro lugar, el asumió nuestra deuda y la pagó en la cruz, para Él, el costo fue muy alto, recibir el perdón de nuestros pecados es un regalo para nosotros, Pero nuestra deuda era impagable, la paga del pecado es la muerte, (Romanos 3:23 y 6:23)  nosotros merecíamos morir y estar separados de Dios eternamente, y Jesús se entregó como sustituto. Si mi deuda hubieran sido 15 años de prisión, habiendo cumplido mi sentencia, mi culpa estaría saldada y no tendría nada más que hacer, pero mi condena era la muerte, no hay forma de pagar mi deuda más que muriendo.  El mismo Juez que hizo la ley, quien emitió el juicio, que me encontró culpable, que dictó la sentencia, se bajó del estrado y tomó mi lugar. Eso es amor, eso es perdón.   Jesús espera que nosotros perdonemos a los demás sus pecados contra nosotros, así como él ha perdonado los nuestros.

La parábola dice que el Rey  fue movido a misericordia, cuando se habla de la misericordia de Jehová/Yahweh, se refiere al perdón que el Todopoderoso otorga como resultado de un arrepentimiento sincero. El recibir el perdón del Padre implica que demos la espalda al pecado, cambiemos la dirección de nuestras vidas y escojamos vivir de acuerdo a su Palabra. Para poder recibir el perdón, debemos saber cuál ha sido nuestra transgresión. ¿Y cómo sabemos eso? La Escritura nos dice: “…el pecado es infracción de la ley”, 1 Juan 3:4.

El perdón no es un sentimiento, es una decisión voluntaria de cancelar la deuda de los que nos deben algo, no significa que los autorizamos para seguir lastimándonos, pero implica la decisión de no permitirles seguir ocupando nuestra mente y corazón para amargarnos, la falta de perdón como cuenta la historia (Mt. 18:32-35)  se convierte en nuestro verdugo, quien nos va a hacer pagar nuestras propias deudas, la amargura se encargará de torturarnos hasta que paguemos todo. El perdón requiere de amor propio, para librarnos de los verdugos que nos atormentan. El que se ama perdona.  Es una oportunidad de ser libres de la prisión en la que nosotros mismos nos hemos metido. El perdón no es para el agresor, es para nosotros, quizás al otro no le importe siquiera pedirnos perdón. Pero nosotros podemos beneficiarnos de cancelar esas deudas.

catiCatalina Gómez es esposa del pastor Hiram Ramírez, tienen 3 hijos adolescentes que educan en casa, viven en Puebla, Méx. Desde hace 20 años ella y su esposo sirven en la Iglesia Bíblica El Camino, es diseñadora gráfica de profesión, lingüista por hobby, maestra por vocación, apasionada estudiante de la Escritura y los idiomas bíblicos, canta desde los 9 años y está convencida de que la Biblia contiene respuesta a todas las preguntas de la vida. Es coautora del Blog Hijos de Abraham, un espacio de provocativa reflexión bíblica.

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