Te sorprenderás al saber cómo se origina la soledad, porque esa es la salida.

Hoy día se habla de soledad en dos aspectos: la necesidad de aprender a vivir de forma autónoma, autosuficiente e independiente desde el punto de vista emocional y aquella condición de aislamiento involuntario. Por un lado, muchos se enredan en relaciones destructivas por temor a la soledad, pero otros la sufren por diversas circunstancias.

En esta publicación abordo la soledad como uno de los grandes males de nuestro tiempo. Hay una gran cantidad de estudios publicados en los últimos 20 años que advierten que el número de personas solitarias está en crecimiento constante debido a que más personas abandonan a sus familias, hay más divorcios, gente que prefiere la tecnología o los animales  a las personas o tiene más contactos en línea y menos amistades reales.

Como iglesias debemos abordar el tema desde el evangelio porque, como siempre, es el camino a la solución: Cristo.

Las consecuencias de la soledad

Un estudio reciente indica que la soledad, que no es otra cosa que vivir de manera aislada sin relaciones profundas y sin pertenencia, no significa solamente que la gente viva encerrada en su casa, sino que se siente desconectada de otros a pesar de que tiene vecinos, colegas, familia e incluso de que pertenece a una comunidad de fe y la frecuenta.

Es preocupante, por lo menos para mí. Este estudio, como muchos otros, han coincidido en el hecho de que la soledad provoca estrés, demencia senil y aumenta las posibilidades de sufrir un ataque cardiaco o de cometer suicidio. No solo eso, alguien que experimenta soledad se deja de bañar, de cuidar, deja de comer, de dormir…

Yo experimenté esto en una etapa de mi vida. A veces realmente estamos solos; otras, no significa que no haya gente que no nos ame, sino que nos sentimos no amados o, por lo menos, no nos aman las personas que esperamos que lo hagan. Tenemos una expectativa de quién debería amarnos y cómo debería hacerlo. Cuando no es satisfecha tendemos a aislarnos por estar, supuestamente, decepcionados.

La soledad es idolatría

Lo primero que debes recordar ––porque lo sabes–– es que la única forma de escapar es asumiendo tu responsabilidad personal de hacerlo. Debe ser tu iniciativa. Por más que haya gente que desee ayudar, si no quieres salir, no saldrás.

La ausencia de relaciones profundas es solo un síntoma, no la causa. La soledad se origina cuando decidimos dejar de amar. No importa la razón. A veces lo hacemos para castigar a alguien que no nos amó y a veces para castigarnos por haber amado. Esto ocurre por hacer a las personas nuestro dios y de las expectativas nuestro gozo o por hacernos a nosotros mismos nuestro dios y a nuestra satisfacción nuestro gozo. Necesitamos adorar al único Dios y que Cristo sea nuestro gozo y nuestra satisfacción porque en él cualquier expectativa es cumplida y superada. Eres responsable de encontrar tu gozo en Dios, pero también él hace lo imposible para ti para que esto ocurra.

Los pasatiempos y actividades contra la soledad son una aspirina para un dolor de muelas. Aunque son deseables y ayudan, no son la solución. Al arrepentirnos del pecado de la idolatría y reconciliarnos con Dios aprendemos a amarle, hallamos nuestro gozo en él y, entonces, podemos amar al prójimo sin cederle el lugar de Dios.

Sal de la soledad

Es un tema complejo, no pretendo simplificarlo. Sin embargo, la soledad es el fondo de un camino descendente que emprendimos, quizá con poca conciencia de ello, pero voluntariamente. ¡Acertaste! También saldrás de esto voluntariamente y con la ayuda de Dios.

  1. Encuentra en el Señor tu gozo. No está en las personas, en las circunstancias, el trabajo, el dinero, las posesiones, en la autoconmiseración ––un placer pervertido producido por victimizarse a uno mismo––, en las expectativas ni en llenar vacíos intentando utilizar la espiritualidad o incluso a Dios. Todo cambia y desaparece, pero Dios y su palabra permanecen para siempre. En él está la plenitud, el gozo, la vida, la salvación, sí, pero debemos invocarle porque es Dios.  28 Se le acercó uno de los escribas al oírlos discutir y, dándose cuenta de que Jesús había respondido bien, le preguntó: —¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29 Jesús le respondió: —El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Marcos 12
  2. Ama como has sido amado. La soledad muchas veces es una respuesta, o más bien protesta, al amor no correspondido y a expectativas generalmente centradas en uno mismo. El amor de Dios está centrado en él. Nos ama para su gloria, para que cumplamos nuestro propósito de adorarle ––y así encontremos nuestro gozo en él––, para que su nombre sea alabado. Nos ama porque fuimos creados a su imagen y semejanza. Nos ama porque es su naturaleza amar. Entonces, amarle es un respuesta natural a ese amor transformador. Amamos a otros no para ser aceptados o para evitar estar solos, sino como consecuencia de la naturaleza espiritual recibida mediante la fe en Cristo. Amamos al prójimo como a nosotros mismos no porque se lo merezca, sino porque así hemos sido amados… ¡y claro!, para que el nombre de Dios sea glorificado. Al amar dejamos la soledad atrás.
  3. Recuerda que Dios está contigo. Hay una gran cantidad de textos bíblicos que nos dan consuelo aún en la peor de las soledades, tan solo para darnos cuenta de que nunca estuvimos solos.
    14 El SEÑOR le dijo:—Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Éxodo 33
    10 No temas, porque yo estoy contigo. No tengas miedo, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, y también te ayudaré. También te sustentaré con la diestra de mi justicia’. Isaías 41
  4. Abraza los cambios. La viudez es un cambio violento que no se planea, pero no tiene ningún sentido sumirse y permanecer en la soledad al negarse a aceptar que la vida cambia debido a su fragilidad. Hay otros cambios por circunstancias externas a ti, pero nuestro gozo no puede depender de que la vida, tal y como nos hace felices, no cambie nunca. Dios está en control.
    28 Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Romanos 8
  5. Comienza de nuevo. Una estupenda manera de superar la soledad es saber que en Cristo somos nuevas criaturas. Somos nosotros los que no sabemos vivir diferente y no queremos hacerlo. Debemos extendernos hacia nuestro futuro en Cristo y comenzar de nuevo, con nuevas posibilidades.
    17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5
  6. Renueva tu mente. Las consecuencias de la soledad en la salud física y mental son devastadoras. De por sí la mente de una persona que puede considerarse sana también debe ser renovada con la palabra de Dios. Es la única manera de comprender cuál es la voluntad de Dios y vivir en ella.
    No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. Romanos 12
  7. Haz relaciones profundas. Como resultado de la nueva naturaleza en Cristo estamos capacitados para amar y para decidirlo hacer cada día de nuestra vida. Esto nos permite cultivar relaciones profundas no centradas en la gente ni en nosotros, sino en Cristo, quien amó, murió e intercedió por todos aun cuando estaba colgado de una cruz. El resultado es sorprendente.
    34 »Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Como los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que son mis discípulos: si tienen amor los unos por los otros. Juan 13
Efraín Ocampo es consejero bíblico y fundó junto con su esposa Paola Rojo la organización sin fines de lucro Restaura Ministerios para ayudar a toda persona a reconciliarse con Dios y con su prójimo. Es autor del éxito del librería “La Iglesia Útil”, entre otros libros.
Encuentra más sobre estos temas en su libro de Restauración de Relaciones “Amar como a mí mismo“. También está disponible el libro de Restauración Personal “40 días en el desierto” y de Restauración de Iglesias “La Iglesia Útil“.

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