Si trae división aun entre familias, ¿Jesús alienta las peleas y vivir en guerra?

Dos evangelistas mencionan en sus textos la frase polémica de Jesús en la que anuncia que él ha venido a traer espada (Mateo 10:34) y división (Lucas 12:51). Esto es chocante para quien está más familiarizado con las enseñanzas de Jesús acerca de amar al prójimo e incluso al enemigo, a quien hay que ofrecerla la otra mejilla si nos abofeteó una y con quien hay que caminar dos kilómetros si nos obligó a llevarle la carga solo uno.

¿Por qué Jesús nos estaría preparando para tener conflictos familiares irreconciliables? Incluso en la traducción Reina-Valera se usa la palabra “aborrecer” para comunicar que Jesús demanda mayor lealtad, amor y fidelidad a él que a la familia (Lucas 14:26). ¿Por qué parece haber una contradicción? ¿Qué es lo que está cambiando y por qué debemos hacer caso a Jesús en ambas afirmaciones?

Que hay un conflicto evidente al creer en Jesús

Sin duda, el mensaje de Jesús, el del evangelio, es la reconciliación con el Padre. Esto implica invertir nuestros valores, es decir, cambiar los nuestros por unos opuestos: los de Jesús. Esto no es más que una consecuencia de haber cambiado nuestras prioridades.

Antes solo nos amábamos a nosotros mismos, odiábamos sin razón o con razón y buscábamos venganza, pensábamos que no necesitábamos de Dios y que podíamos ser plenos sin él, algunos vivíamos en desesperanza al sufrir injusticias y otros pensábamos que hacer injusticias era la manera de evitar el sufrimiento, algunos trataban a otros como si fueran menos porque algunos pensábamos ser mejores; algunos se abrían paso por la vida sin tener compasión, algunos buscábamos la paz a través de la guerra, algunos vivíamos en nuestras maldades y éramos perseguidos por ellas.

Ahora, a los que sufrimos por ser pobres en espíritu, al llorar y no hallar consolación, por ser humildes, por anhelar justicia, por ser compasivos, por tener un corazón limpio, por trabajar por la paz y por ser perseguidos por causa de la justicia, en lugar de ello tienen dicha (Mateo 5:1-10). Jesús nos deja ver que existe ese conflicto en el mundo y que unos afligen a otros. Lo que está en juego es la verdad que divide a los que viven por ella y a los que que se esfuerzan por esconderla con sus maldades e injusticias (Romanos 1:18).

Lo asombroso es que se nos advierte que esto podría pasar incluso en una misma familia. Nuestra lealtad es a Jesús; ello implica división pero sobre todo vivir como los que son dichosos, no estar en guerra con aquellos que Jesús quiere reconciliar con el Padre. Si acaso, el conflicto es entre la verdad y la mentira.

Que no podemos ser neutrales

Sí, habrá división y espada, pero ¿quiénes usan esta arma mortal? ¿Son los seguidores de Jesús? ¿Son los hijos de Dios o aquellos que los persiguen? Porque advirtió que el hermano entregaría a muerte al hermano y que los hijos se rebelarán contra sus padres y harán que los maten, pues por causa del nombre del Señor todo el mundo nos odiará. Jesús dijo que al que le reconozca delante de los demás él también le reconocerá delante de su Padre, pero al que le desconozca, él Padre le desconocerá. Creer en la verdad nos hace tomar partido y ponernos en conflicto con otros.

No podemos ser neutrales, pero eso no significa que nos haya dado permiso para odiar si el otro rechaza al Señor, que si alguien no cree y niega la verdad con mentiras y perversidades entonces se justifica humillarle y ofenderle. Jesús es congruente con su misión de reconciliar con Dios, porque no lo envió para condenar al mundo, sino para que sea salvo por él.

Por eso no se entiende por qué tantos cristianos hablan de los que no lo son como si fueran poca cosa. También vemos en redes sociales a supuestos seguidores de Jesús condenando a los que son diferentes a ello, cuando nosotros mismos continuamos la misión del Señor procurando que todos procedan al arrepentimiento al consolar, al sanar, al aliviar el sufrimiento, al declarar la verdad con amor.

Que algunos no representan a Jesús

Sí, la verdad divide; Jesús sigue siendo causa de conflicto. Pero no nos confundamos: a Él lo odiaban, lo condenaron con falso testimonio y lo mataron porque hacía el bien y obraba justamente. En cambio, muchos creen que son odiados por hablar de Jesús frente a la gente, pero no siguen su ejemplo y no continuan su misión. Los tales se enorgullecen porque piensan que son insultados y perseguidos por causa de Jesús. Viven engañados.

El que imita al Padre, a Jesús, a los profetas, a los apóstoles y a los discípulos del Señor que se asegure que su comportamiento, sus omisiones, sus palabras y su silencio sea congruente con ellos. No representamos a Jesús cuando dividimos y nos enganchamos en discusiones y peleas por nuestro orgullo, por sentirnos del lado correcto de la Historia, por tener la razón, por demostrar nuestro conocimiento o quizá nuestra supuesta superioridad.

No sirve de nada intentar defender a Jesús, a la verdad, cuando lo hacemos negando a Jesús y a la verdad, pero si viviéremos por ella sabríamos que traicionamos lo que pretendemos defender.

Que Jesús es nuestra paz y además sí traerá paz

Una lectura descontextualizada nos podría hacer creer que efectivamente, Jesús no trae paz al mundo. Si nos quedamos con lo que dice este pasaje sin tomar en cuenta el panorama completo pensaremos que nuestra fe nos llama a vivir en guerra contra los “incrédulos”. Ya vimos que esto es falso y que la guerra se sostiene en contra de la verdad y, como daño colateral, a nosotros, pero eso no es una invitación a hacer una guerra nosotros mismos.

El evangelio nos muestra que Jesús, al final de los tiempos, consumará su plan de traer paz al mundo por las siguientes razones (Apocalipsis 19, 20 y 21):

  • Porque Jesús vencerá a sus enemigos y se terminará la guerra en contra de Dios, de la verdad, la vida y la justicia.
  • Porque el diablo será aprisionado para que deje de engañar al mundo.
  • Porque la muerte y el pecado habrán sido vencidos por Jesús.
  • Porque reinará el mundo mil años con perfecta paz y justicia hasta que Satanás sea liberado de su prisión y se lleve a cabo la última gran guerra, el diablo sea castigado por siempre y Dios haga nuevas todas las cosas.

Mientras tanto, saber estas cosas nos llena de paz. El Señor está por encima de todos los poderes de este mundo. No hay circunstancia adversa ni problema tan grande que nos robe la paz y el gozo que tenemos en Cristo. Que las Escrituras hablen por sí mismas:

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes.

Filipenses 4 (NVI)

Fuentes:

  • Craig S. Keener. “A Commentary on the Gospel of Matthew”.
  • George A. Reyes. “Un ejercicio de hermenéutica y contextualización basado en una lectura de Lucas 4:16-30”. Vox Scripturae 5.2 (setembro de 1995)163-177.

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